martes 22 de septiembre de 2009

Los Hermanos de la Pureza



Esta sociedad de pensamiento tuvo su sede en Basora y se la conoce con el nombre de "Hermanos de la pureza y amigos de la fidelidad". Si bien se han formulado algunas objeciones respecto del término "pureza", no es inexacto ya que, como afirman M. Cruz Hernández y H. Corbin291, se opone al término madura, impureza u opacidad.


El texto de los Rasa’il Ijwan al-Safa’, la Enciclopedia de los Hermanos de la Pureza, tal como nos ha llegado, fue redactado en el siglo X d.C. por un grupo de libre pensadores y comprende cincuenta y dos tratados, de los cuales el último se añadió posteriormente llamado Tratado de la recapitulación (Risalat al- Yamia) con el cuál no habría dudas de la filiación ismailí de los autores.


El análisis interno permite entrever que parte de algunos tratados son anteriores al año 909 d. C., fecha de proclamación del califa ‘Ubayd Allah, pero el grueso de ellos fue concluido entre los años 961 y 983 d. C..


La Hermandad era una sociedad secreta (las sociedades secretas basríes están documentadas desde fines del s. VIII) cuyos miembros siguieron o presentaron el modelo de hermano al que se refiere la obra. Este es el hombre fiel a la verdadera sabiduría que solo se adquiere mediante una sinceridad absoluta con la luz del saber elaborada por la tradición shií.

La Enciclopedia de los Hermanos de Basora está dividida en cuatro partes: catorce sobre propedéutica, matemática y lógica; diecisiete sobre filosofía natural, incluida la psicología; diez están dedicadas a la metafísica y las once restantes, dedicadas a cuestiones de mística y astrología. Las fuentes que manejaron los redactores son doctrinas coránicas reelaboradas y recogidas por los califas e imames; textos del Antiguo Testamento, doctrinas neotestamentarias con citas especialmente del Evangelio de Juan; citas de Buda, tal vez procedentes de Ibn Muqaffa; elementos de la cosmovisión irania, entre los cuales se menciona a Zarathushtra; pocas citas maniqueas; nociones procedentes de los sabianos y citas platónicas y neoplatónicas de cuño alejandrino, de las que hay que destacar los datos siguientes: ocho citas de Platón, dos del pseudo Platón, conocimiento del Fedón y de la República; diez citas de Aristóteles, casi todas lógicas y físicas, siete de Ptolomeo y diecisiete de Almagesto; veintidós de Euclides; algunas referencias a Galeno y a la Teología de Aristóteles. Debe mencionarse también que la aritmología pitagórica ocupa un lugar destacado.


La explicación del cosmos y del hombre se organiza según la doctrina generativa por la cual todo cuanto existe procede del Uno y allí retornará. Tal orden presenta nueve grados sucesivos:


1. el principio, 2. el intelecto, 3. el alma, 4. la materia prima, 5.la materia tridimensional, 6. las esferas celestes, 7. el mundo sublunar, 8. los elementos simples y 9. los seres concretos.


El motor del proceso creador es el movimiento, tanto en el descenso creador como en el ascenso. La vida del ser humano debe ser regida por la potencia intelectiva que controla las funciones de la representación, el conocimiento y el recuerdo, que es una sustancia divina, lumínica y celeste que se une al hombre para alcanzar la sabiduría, deshacerse de los lazos corporales y alcanzar la resurrección, que los Hermanos parecen identificar con la separación definitiva del cuerpo y del alma.


Por último, en la Enciclopedia se indica la constitución ideal de su Orden que comprende cuatro etapas de desarrollo de aptitudes intelectuales según la edad de cada aspirante. Sólo a partir de los cuarenta años el adepto está capacitado para iniciarse en la realidad espiritual oculta detrás de los elementos exotéricos de la shariah y, por encima de los cincuenta años, está en condiciones para percibir esa realidad espiritual esotérica en su totalidad.


Según los autores mencionados, está es una combinación tanto de concepciones iluministas como ismailíes, que comparten también el método de exposición y estilo. Un ejemplo de ello es el manuscrito La escalera de ascenso a la casa de la eternidad del famoso Imam ismailí Shihab al-Din Abu Firas, fechado alrededor del año 1350 y que forma parte de Los cuatro manuscritos sirio-ismailíes. El autor divide la obra en tres libros bien definidos en varios capítulos a través de los cuales describe las diferentes etapas o estaciones por las cuales debe atravesar el peregrino hasta alcanzar "la luz eterna". Así, el primer capítulo se denomina El libro de las almas donde analiza su naturaleza, la posibilidad de su libertad y sus funciones. El segundo capítulo, El libro de la luz presenta un universo jerárquico a partir de un principio luminoso, la Luz de las Luces, que se manifiesta en sí y que experimentamos presencialmente. El tercero, El intelecto está dedicado a la discusión de la relación que hay entre el principio cósmico y los diferentes principios que conducen a la observación religiosa con el objeto de fundamentar un único orden divino universal, como se encuentra en la Enciclopedia de los Hermanos de la Pureza. Por último, el tercer libro es llamado por el autor El libro de la ciencia presencial donde, siguiendo el modelo de la "sabiduría de los antiguos", nos habla de la Fuente de la Luz (Dios) y del mundo concebido en términos de luz y oscuridad, donde para escapar de la materia y acceder al Mundo de la Luz, es necesaria la guía de un Imam, Polo o Qutb, temas éstos, recuperados durante la gran elaboración de carácter iluminista que han hecho los protagonistas de la Escuela de Ispahan.

viernes 12 de junio de 2009

Beber de la fuente de la sabiduría de Ayatullah Bahjat



Beber de la fuente de la sabiduría de Ayatullah Bahjat


En esta sección vamos a examinar varios ejemplos de los consejos y las respuestas de Agha Bahjat a las preguntas formuladas sobre diferentes temas.

1. ¿Cómo contrarrestar y evitar caer en Riya (mostrando o tratando de impresionar a los demás mientras se participa en actos de culto)?

Un estudiante de la Hawza de Qum refiere que a Agha Bahjat se le preguntó una vez: "A veces una persona decide realizar un acto virtuoso sinceramente a Dios, pero Shaytan convierte su intención y la persona comienza a pensar acerca de cual será su posición ante la gente si las impresiona, si va a ser populares, etc, luego de realizar dicho acto. ¿Son estos pensamientos considerados como Riya, y pueden anular un acto virtuoso y convertirlo en uno sin valor? "

Bahjat Agha respondió: "Riya es únicamente pertinente en los actos de culto ( 'Ibadat). Y cualquier acto de culto que se ha asociado con Riya es un pecado, y convierte dicho acto en nulo y sin efecto. Sin embargo, Riya sí se puede convertirse en una cura para contrarrestar, por un simple cambio de enfoque, al solo sacar del pensamiento el deseo de impresionar! Si un hombre pudiera dirigirse directamente a un presidente en la búsqueda de la solución a un problema; ¿perdería tiempo en tratar de buscar dicha ayuda en los asistentes de la presidencia? De la misma manera, si un hombre actua en base a la lógica, acudirá a los lugares de culto, y tratará de impresionar y perfeccionar sus acciones para Dios, que es el Creador del hombre - esta actitud por sí misma para convertirse en la cura su Riya. "

En otro momento, dijo, "Acerca de Riya, es un hadith que dice, "Quien trata de impresionar a la gente por su manera de oración (salat), será resucitado en forma de un burro. "Y esto es muy cierto, porque quién puede ser más burro que un hombre que trata de impresionar a los esclavos de Dios en lugar de dirigir su atención a Dios mismo? Ahora, si alguien nos llama burro, nos sentimos insultados, pero ¿por qué nos sentimos insultados, si durante el día y la noche nuestros actos se parecen a los de un burro? "

2. ¿Cuales son las condiciones necesarias para obtener presencia en el corazón y en el placer de los actos de culto, especialmente el salat ?
Uno de sus estudiantes dice que a Agha Bahjat se le preguntó: "Nuestras vidas han transcurrido lejos y todavía no han experimentado el placer (halaawa, lazzat) del culto, especialmente del salat. ¿Cuál es su consejo para que podamos degustar algunas de los placeres que nuestros Imames (s) han descrito? "
El estimado maestro respondió: "Esto es algo que todos deseamos experimentar! "El estudiante respondió:" Por favor, Agha, usted que ha estado en un alto grado en estas materias, mientras nosotros estamos con las manos vacías. ¿Qué debemos hacer? "Agha Bahjat le dio de nuevo una respuesta con un dejo de molestia, diciendole: "Tal vez, su estado es uno que yo envidio ... ".
Sin embargo, el estudiante fue insistente, y Agha Bahjat respondió, "Este estado que buscan del placer en la adoración tiene dos requisitos previos, uno que es externo al salat, y el salat en sí mismo. Lo necesario anterior y externo al salat, es que una persona se abstenga totalmente del pecado, y no ensombrezca su corazón con la vergüenza de la desobediencia, porque el pecado roba del corazón la luz. En cuanto al segundo requisito, en el salat mismo, es que un hombre debe crear una barrera en torno a así, de modo que ningún pensamiento que no sea el recuerdo de Dios pueda entrar. Él no debe permitir que sus pensamientos se extravíen lejos de Dios, inclusive por un instante. [De esta manera, usted conseguirá lo que buscas.] "

Otro estudioso, le formulo una pregunta similar, él le respondió: "Con el fin de lograr el control absoluto de los pensamientos en el salat, y para adquirir presencia de corazón, el trabajo debe empezar afuera y antes del salat. Uno debe controlar sus cinco sentidos durante el día y tener cuidado acerca de lo se permite observar, escuchar, comer, etc. Esto le permitirá lograr la presencia de la mente y del corazón en salat. "

A un joven estudiante, dijo en respuesta a la misma pregunta, "a sabiendas Nunca le permitan a sus pensamientos derivar a algo fuera de Dios en el salat. "

3. Sincera en la intención y la armonía entre el conocimiento y la acción
Le preguntó un estudioso: "Agha, ¿qué debemos tener en cuenta a fin de que nuestra intención de llevar la amamah (turbante) sea sincera?"
Dijo: "Los criterios en sus actos deben ser la religión de Alláh (SWT). Preguntarse siempre si sus palabras y sus actos están en conformidad con el shari'a o no. Usted deberías hacer el niyyat en el conocimiento (ILM) que poseen y lo cual le dará ganancias en el futuro, siempre será traducido en acciones. En otras palabras, debe existir una perfecta armonía entre lo que sabes y lo que haces. La mayor desgracia es cuando los estudiosos actúan sin el conocimiento o poseen estos conocimientos, pero no actúan en base a ellos. Por lo tanto, debes tener una firme determinación en armoniza sus conocimiento y acciones".

Informan de a otro estudiante le respondió Agha sobre el mismo asunto: "Un 'alim que no actúe en su conocimiento es como la vela que ilumina el camino para otros, pero que asi misma produce grandes quemaduras."

4. La confianza y la confianza en Alá SWT
Ayatullah Misbah narra que Agha Bahjat una vez le dijo:
"Un día yo estaba sentado en mi habitación y podía oír las voces en la calle. Salí y vi que el hijo de mi vecino estaba jugando en la calle cuando un mendigo se le acercó diciendo, "Yo soy una persona necesitada. ¿Puedes por favor ver en su casa si puede conseguir algo para mí? "
El muchacho respondió: "¿Por qué no le pide a su madre si necesita algo?"
El mendigo dijo: "Yo no tengo una madre que le pregunte a su madre si ella me puede dar algo".

Agha Bahjat comentó, "me he sorprendido por esta conversación y la inocencia del niño que tenía tanta confianza y fe en su madre que sentía que ella podía resolver cualquier problema”. Y entonces él dijo, “Si sólo se pudiera desarrollar la misma absoluta confianza en Alláh (SWT) que este niño tenía en su madre. De hecho todos nuestros problemas se resolverían si tan sólo nos dirigiéramos a él con sinceridad en todas nuestras necesidades!”

5. Si se piensa constantemente en el Imam-eZamana (AS), él pensará en nosotros?
Agha Quddus recuerda que pidió una vez Agha Bahjat: "Mi presencia en el pueblo donde he ido para hacer tableegh es muy productiva. La gente ha respondido positivamente, me trató con respeto y escuchado mis consejos religiosos. Sin embargo, son muy pobres y el dinero que me dan en los meses de Muharram Ramadán es muy poco. En otros lugares donde puede ir, el público no es tan receptivo, pero dan más dinero."

Agha Bahjat respondió: "Si usted tiene la intención de entrar al mundo laboral del Imam Mahdi (AS), ¿se imagina que no va a cuidar de usted?"

6. Cuidado en narrar las tradiciones
Agha Quddus narro que una vez fue al recuento de su programa y actividades de tableeghi realizadas durante el mes de Ramadán y le dijo a Agha Bahjat: "Yo no puedo ir a hablar en el púlpito durante el día en el mes de Ramadán y sólo puedo dar charlas y conferencias en la noche. "

Agha Bahjat le preguntó por qué, y él respondió: "Porque yo tengo algunas dudas sobre determinados hadices que debo decir y temo que si son incorrectas [entonces mi ayuno será nulo]. "

Bahjat Agha le dijo: Entonces si en la noche esta cierto sobre estas tradiciones, tendremos que confiar en que se sentirá seguro de repetirlas a día siguiente? "

Agha Quddus dijo: "Me di cuenta de que él desaprobaba mis acciones y que debia cerciorarme antes de repetir estas tradiciones antes otros, de su veracidad ".

7. Tabligh por la acción (y no sólo palabras)
Hujjatu'l el Islam Lutfi dijo: "Un día, después de las oraciones de la mañana me acerque a Ayatullah Bahjat y le pedí que me diera algunos consejos".

Él dijo, "kunu du'atan Nasi ilallahi bighayri alsinatikum" [2] [1] "Llama a las personas a Alláh (SWT) con algo distinto a su discurso."

“Entendí que si bien, como un erudito, mi responsabilidad es participar en tabligh (propagación de la fe), Agha quería llamar mi atención que el mejor tabligh no era lo que se decía desde púlpitos, sino lo que se demostrada por la conducta”.

8. Apartarse del Pecaso
Shaykh Ayatullah Jawad Kerbalai, el gran estudioso de akhlaq comento: "Tuve un gran beneficio en los muchos años que estudié a los pies de Ayatullah Bahjat. En ese momento, también fui testigo de primera mano de muchos de los maravillosos regalos que le fueron concedidos. Entre sus palabras de sabiduría que recuerdo: Él siempre insistió en que no se puede avanzar sin abandonar el pecado. Él solía decir, "El gran y especial favor de Alláh (SWT) está disponible libremente para todos sus verdaderos servidores, el único requisito es que una persona tiene que cumplir las condiciones necesarias para merecer estos regalos. La única manera de calificar para estos favores especiales es abandonarse en la desobediencia de Alláh (SWT)”.

Por supuesto, debe existir algún compromiso de alcanzar la proximidad a Alláh (SWT) Cuanto una persona tiene conocimiento de la estación de Dios (ma'rifat) y la alcanza; él más la ama, por lo cual, es más importante evitar todo pecado, incluso los menores e incluso la pérdida de concentración en su presencia en el culto.

Una vez que un estudiante que se había sumado recientemente a la Hawza le pregunto a Ayat Bahjat: "He llegado a la Hawza para alcanzar el conocimiento. ¿Qué debo hacer para convertirme en un erudito?”. Ayatullah Bahjat bajó su cabeza y se mantuvo en silencio por un rato, luego dijo: "No hay ninguna diferencia entre un estudiante de Hawza y los demás. Lo que es importante es que él no cometa un pecado."

En otra ocasión se le preguntó: "¿Cuál es la mejor dhikr (invocación)?" El respondió: "En la opinión de este simple servidor, el mejor dhikr es el dhikr de la acción! Lo que quiero decir es abstenerse de las creencias pecaminosas (aqida) y la conducta pecadora (Amal). La bondad y el verdadero éxito sólo se obtienen de esta manera."

En una carta, se le preguntó cómo se puede alcanzar la proximidad a Dios y también obtener la proximidad al Khalifah, al Imam de nuestro tiempo (AF).

Él respondió: "Bismihi ta'ala. Abstenerse del pecado y de rezar el salat en la hora exacta".

9. El Secreto del Salaat
Ayat Bahjat ha dicho: “¡El Namaz (Salaat) simboliza la Ka'ba. El Takbirarut'l Ihram significa la fundición de lado todo lo que no sea Alá (SWT) y entrar en Su haram (santuario). El Qiyam representa una conversación entre dos amigos. El Ruku 'simboliza la reverencia de un esclavo delante de su maestro y el Sajdah es la última muestra de humildad, la humildad y la indefensión frente al Maestro. Y cuando regresa el esclavo de esa Namaz, el recuerdo que trae detrás de si, es el saludo de la paz (Salam) de su Señor ...”

10. Mantenerse despierto en la madrugada (Sahr) y en la noche Ayatullah Ahmadi dijo: "Ayat Bahjat siempre nos aconsejó permanecer despierto en el culto a la hora del alba y entre el amanecer y al aumento de la noche en la oración (Namaz-e-Tahajjud/Salaatul Layl). Incluso, dijo, "Yo realmente creo que es a través de estos dos actos que el Profeta (S) adquirió su perfecto GNOSIS (ma'rifat) de Alláh (SWT)".

Una vez le pregunté sobre el hadith de los imanes (AS) que dice: "Esperamos con impaciencia el Jueves por la noche para que las puertas de la misericordia de Alláh se abran. Nosotros, la familia del Profeta (SAWW), somos bendecidos con un aumento de nuestros conocimientos sobre todos los Jueves por la noche y cada noche del Qadr".

Bahjat Ayatullah respondió: "De hecho, estos son momentos especiales cuando la misericordia de Alláh (SWT) esta especialmente disponible. Y uno de los mejores momentos es el Sahr (amanecer). Y repitió estas palabras "Sahr, Sahr" varias veces".

Bahjat Ayatullah al referirise a sus maestros siempre mencionaba su desee recibir una mayor comprensión y favor de Alláh (SWT), en la soledad, la paz y la abundancia de las bendiciones que están disponible en las profundidades de la noche y al amanecer. En estos momentos, uno puede formar una relación con Dios que no es fácilmente posible en otros momentos.
11. Los primeros pasos en el camino a Dios (Sayr Ilallah)
Ayat Bahjat ha dicho: "El primer paso en el camino hacia Dios y en el logro de su proximidad es que el creyente se de cuenta que ha permitido que se formw un abismo entre él y su Maestro. Se debe asegurar a toda costa el no permitir a este abismo ampliarse y este debe ser su objetivo principal. Cuando se ha hecho del control de su vida, entonces él puede comenzar las prácticas que lo llevarloo de a poco a poco a la cercania con Señor. "

12. El valor de la contemplación y el pensamiento Agha Shahi hizo la siguiente observación: "Ayat Bahjat constantemente hacia hincapié en la importancia de controlar la lengua y mantener silencio. Decía: "Tenemos que controlar nuestras intervenciones. Nosotros debemos dedicar 23 horas del día a la contemplación y al pensamiento, y sólo una hora en el habla, de hecho, a menudo incluso que eso es demasiado".

13. Estar en un estado de constante Dhikr
Ayatullah Bahjat a menudo aconsejaba a sus alumnos para inculcar el hábito de da'im al-dhikr, es decir, permanecer en un constante recuerdo de Alláh (SWT), diciendo: "Alguien que está constantemente en el dhikr, siempre se perciben a sí mismo en la presencia de Alláh (SWT) y se comunica con su Señor."

Para los que quieren luchar contra waswasa, (constante sospecha de los motivos de los otros), les recomendaba recitar en voz alta y continuamente el "tahlil", que es el dhikr, "La ilaha Illallah".

Otro gran estudioso contemporáneo, Ayatullah Hasan Hasanzadeh Amuli señaló que el tahlil es al-dhikr-al-khafi (dhikr secreta), es decir, se puede repetir constantemente sin que nadie más sea consciente de lo que está haciendo, porque este dhikr puede ser pronunciado sin siquiera mover los labios, a diferencia de otros dhikrs como "Subhanallah" o Alhamdulillah "!

14. El No tener en cuenta la propia virtud como algo importantes Ustad Khusrushahi se relato: Ayatullah Bahjat siempre consideraba que los hechos virtuosos y el culto que uno realiza son insuficientes. A menudo decia, "¿Qué tan bueno sería que cuando una persona realiza acciones virtuosas y realiza actos de culto, se diga a sí misma, "no he hecho nada grande", pero cuando él observa los actos virtuoso de los demás, los admira y piensa "¿qué noble obra que han realizado."

Ustad Khusrushahi concluyo: "En otras palabras, su consejo era considerar nuestros actos virtuosos como insignificante, mientras que los de los demás, como obras muy buenas ".

15. Obtener el Sello de Aprobación del Imam al-Asr (AF)
Ayat Bahjat, una vez aconsejó a los estudiantes de la Hawza: "Nosotros los estudiantes debemos estar constantemente pensando en cómo podemos ganar el sello de aprobación de nuestro maestro, el Wali Al-Asr (AF).

Todos los estudiantes, ya sea jóvenes o licenciados o clérigos, debería preocuparse acerca de cómo aprenden sus lecciones, lo que debería ser su actitud y la manera en que deberían llevar a cabo ellos mismos.
Deberían cuestionarse continuamente si su actitud, conducta, habla y acciones encontrarán favor cuando se presentan para él y si él las aprobará”.

Ayatullah Bahjat decía que: "Si este pensamiento está siempre en lo profundo de nuestra mente, nunca se extraviara nuestra conducta, en palabra o hechos."

16. El Propósito de Altos Estudios Islámicos
Gran Ayatullah Bahjat animaba a los estudiantes que cursaban estudios superiores islámicos y con frecuencia aconsejaba a jóvenes estudiantes también diciendo, "Siempre que aprendan algo nuevo, inmediatamente apliquen ese conocimiento para mejorar su actos wajib, lo que les ayudara a mantenerse alejado de los actos pecaminosos". Él mencionaba el hadith, "“man ‘amila bima ‘alima, warrathahu’llahu ‘ilma ma la ya’lam" el hombre quien actúa en base a lo que sabe, Alláh (SWT) le enseñara lo que él no sabe". [3]

17. Es la proximidad a Alláh (SWT) lo que importa al final
A los estudiantes altos avanzados, les dirigía palabras de reflexión. Uno de sus alumnos recuerda, "Yo recuerdo una vez cuando lo acompañaba desde su casa a la mezquita, donde dirigía las oraciones. Ayat Bahjat se dirigió a mí y me preguntó: "Un estudiante comienza con "muqaddamat" (lecciones introductorias) y, a continuación, estudia "Ma'alim" y "Mughni" y, a continuación, ¿qué más?." Le respondí, "Lum'ah". Él preguntó, "¿y qué más?" Le dije, "makasib" y me preguntó, "¿y qué más?" Le dije, "kifayah". Me preguntó, "¿y qué más?" Le dije: "Dars al-kharij". Me preguntó, "¿y qué más?" Le dije, "Él alcanza ijtihad ". Una vez más, me preguntó, "¿y qué más?"

El alumno sigue, "Esta fue una gran lección para mí. Me di cuenta de que el conocimiento en sí mismo no era el objetivo, que sólo era uno de los medios (para alcanzar la meta) es decir, para acceder a la proximidad de Alláh (SWT). Si en cada uno de estas sucesivas etapas, el estudiante no ha alcanzado aún un poco más de cercanía de Alláh (SWT), entonces él no ha avanzado en absoluto nada."

18. Cómo un tren del alma (al-nafs Tahdhib)
Una vez, algunos estudiantes de la Hawza del Líbano le pidieron a Ayatullah Bahjat asesoramiento espiritual y en akhlaqi (moral). El les dijo: "Una de las acciones más beneficiosas en estos asuntos es sentarse con sus compañeros de estudio todos los días y un leer un hadith del capítulo yihad al-nafs del libro Wasail chiítas de Al-Shaykh Hurral-Amili.[4]. Por supuesto, el hadith debe debatirse correctamente, más ponderándolo cuidadosamente y luego transformarse en acción. Este será un tónico espiritual que en el plazo de un año, va a transformar a una persona en tal forma que verá por sí mismo el cambio".

19. El Estatuto de Súplica (Du'a)
Ayatullah Bahjat creía que a través de la du'a se lograba un elevado estado espiritual, e insistía en que a través de la realización de du'a en forma regular, los resultados serían beneficiosos en cada etapa de nuestras vidas.

Ustad Hadawi relató: "Mi hija estaba muy enferma y vine a ver Ayatullah Bahjat y le pedí que orará por ella. Él me dijo, "Usted mismo puede recitar la siguiente du'a tres veces por día: " Allahumma ishfiha bi shifaa-ika, wa daawiha bi dawaa-ika, wa ‘aafiha bi ‘aafiyatik " Oh Allah, curala con su cura, y que el tratamiento sea con tu medicina, y restaurar su salud con tu fuerza ". Luego, de repetirlo tres veces, debes decir: "Bi'l Imami'l-Kazim (AS), fa innaha amatuka wa Bintu 'abdik". "Por el bien del Imam Al-Kazim (AS), porque ella es tu siervo, y la hija de tu siervo."
Traducción : Al-muntazar

miércoles 20 de mayo de 2009

Biografia del Gran Ayatollah Muhammad Taqi Bahÿat - que Dios tenga misericordia de el




Gran Ayatullah Muhammad Taqi Bahjat Fumani nació en una piadosa y religiosa familia en el año 1334AH (1915CE) en Fuman en el norte de Irán. Perdiendo a su madre antes de cumplir los 2 años de edad. Acerca de su padre, Mahmood Bahjat, los miembros de la familia relatan un caso interesante.

Su padre desde una edad muy temprana, mostró signos de un gran ingenio y una gran sed de adquisición de conocimiento. A la edad de alrededor de 17 años, su padre cayó gravemente enfermo, haciendo pensar a su familia que no sobrevivirá, hasta que en una reunión en donde la familia esta reunida en torno a él, uno de los asistentes escucho una voz que decía. “"No te preocupes, él va a estar bien, porque él va a ser el padre de Muhammad Taqi". Después de este acontecimiento, el joven pronto se recuperado de su enfermedad, tras lo cual, un par de años más tarde se casó y tuvo varios hijos. Llamando a su tercer hijo Muhammad Taqi en la memoria del incidente acaecido en su infancia. Sin embargo, lamentablemente a los pocos años, este niño cayó en un estanque, perdiendo la vida ahogado. Cuando llego de su cuarto hijo, nuevamente sin dudarlo lo llamo Muhammad Taqi. Este último hijo creció hasta ser el gran estudioso y 'Arif, Ayatullah Bahjat.

Su padre era un recitador de marthiyya y él comenzó a efectuar dicha recitación con el joven Agha Bahjat, por lo que le inculco un amor profundo y permanente de Sayyid al-Shuhada (A.S.).

Desde una temprana edad, mostró signos de gran ingenio y una gran sed de adquisición conocimiento al igual que su padre. Después de sus estudios primarios, curso los estudios religiosos, y a la edad de 14 años, se dirigió a Karbala. Cuatro años más tarde se traslado al famoso seminario de Najaf, donde tuvo la oportunidad de estudiar con algunos de los mejores profesores y académicos en el mundo musulmán. Estudió Usul con el Gran Ayatullahs Abu'l Hasan Isfahani, Mirza Na'ini y Shaykh Muhammad Hasan Gharawi Isfahani (conocido como Kumpani), y fiqh con Ayatullah Mirza Muhammad Taqi Shirazi. Estudió los textos filosóficos de Ibn Sina y Mulla SADRA bajo la guía del Ayatullah S. Hasan Badkubeyi.

Al mismo tiempo que asistía a sus estudios intermedios y superiores, se esmero en forma meticulosa en su búsqueda de instrucción espiritual y mística. En este sentido, sus maestros fueron Ayatullah Muhammad Hasan Isfahani y Sayyid Ayatullah Abdu'l Ghaffar, y, por último, el estudioso de Dios, el inigualable instructor, el gigante entre los maestros espirituales, Ayatullah Sayyid Ali Qadhi Tabataba'i. Permaneciendo con su último maestro durante muchos años, el aprendizaje de él los secretos de los más altos caminos de Akhlaq y 'Irfan.

15 años después, regresó a Irán y se establecieron en Qum. Aquí, en compañía de Ayatullah Jomeini, Ayatullah Gulpaygani y de otras futuras grandes figuras, continuó sus estudios con el Gran Ayatullah Burujerdi.

Su carácter y cualidades

1. Piedad y Auto-Construcción

Desde su juventud, Agha Bahjat constantemente realizaba actividades de depuración. En sus instrucciones de ética, siempre insistía en la importancia de trabajar arduamente en esta tarea; renunciando y abandonando muchos lujos con el fin de hacer avances contra las interminables exigencias del alma.

Él era de la opinión de que para tener éxito en esta yihad al-akbar, la pureza ética (akhlaq) y el conocimiento (ILM) van de la mano. De hecho, consideraba al conocimiento sin auto-purificación, como más perjudicial que cualquier otra cosa. Su famoso consejo a los jóvenes era "leer y practicar un hadith todos los días del Capítulo de la Jihad al-nafs en Wasail chiíta de al-Shaykh al Hurr-Amili [1].

Por sus hechos y palabras, este gran erudito siempre se dirigio a sí mismo solo a Dios. Un gran mujtahid ha dicho sobre Agha Bahjat, "No puede solo decir acerca de él que es un hombre de piedad, de hecho, es la verdadera esencia y la manifestación de taqliq” .

Ayatullah Shaykh Javad Kerbalayi dice sobre él, "Uno de sus más cercanos estudiantes (en Nayaf) relato que cada noche, o de hecho en la mayoría de las veces, Agha Bahjat se sentaba solo, ensimismado en sus profundo en el pensamiento y en la contemplación. Nunca desperdicio un momento de su tiempo, y no participaba en reuniones banales. Cuando llegaba el momento de su clase, o su ziyarat de Amirul Mu'mineen (A), se levantaba abruptamente, tomaba su manto y dejaba la casa sin interferir en las actividades de los demás. Él era muy reservado y no les gustaba revelar nada acerca de sí mismo, sobre todo acerca de los especiales favores y extraordinarios poderes espirituales que Dios le havbía concedido."

2. Su ascetismo (Zuhd) y su simple estilo de vida

Los cercanos siervos de Dios siempre miran la realidad de este mundo, de forma contraria al resto de los seres humanos cuyos ojos están fijos en sus placeres y en los lujos. Al dejar atrás las comodidades materiales, mientras el resto de las personas tropiezan en este oscuro mundo, estos Awliya lograr a través de su fuerza espiritual, dispararse a las alturas y a la iluminación que confiere la proximidad a Dios.

Agha Bahjat fue uno de los más brillantes ejemplos de estos Awliya contemporáneos. Él era un místico y estudioso que siempre vivido una vida simple, sin el más apego a las cosas materiales, pues había entendido la realidad de este mundo y la inutilidad de sus placeres.

Durante toda su vida vivió en una sencilla casa, resistiéndose a las numerosas ofertas de los familiares y simpatizantes para ir a un alojamiento más confortable. Ayatullah Misbah dice, "Durante muchos años, ha vivido en una casa alquilada de dos habitaciones. Uno de las habitaciones tiene una cortina, que se corre cuando tiene visitas, mientras del otro lado de esta, su familia continua con sus tareas domésticas. Nosotros nos sentábamos a un lado de la cortina y nos beneficiábamos de su enormemente sabiduría. Aunque sencillo, el ambiente ha estado siempre lleno de una especial nur (luz) y espiritualidad ... "

Ayatullah Mas'udi dice: "Muchas veces la gente sinceramente le ofrecía comprarle una casa mejor, pero él no estaba de acuerdo. Yo mismo le dije, "¡Agha! Esta casa está dañada, dudo incluso si la sharia permite que un hombre viva en este tipo de alojamiento ", pero él no me presto ninguna atención.".

3. Su Culto

Los estudiantes de Agha Bahjat contaban acerca de su especial cercanía a Dios, que está se hacia inmediatamente evidente en su forma de culto. Aquellos que tuvieron la ocasión de rezar detrás de él, han descrito dicha cercanía como una edificante y única experiencia espiritualmente. De hecho, la mezquita Fatimiyyah, ubicada al final del mercado Guzarkhan, donde se llevado a cabo estas oraciones tres veces al día durante más de 40 años, fue siempre un tiempo pleno de oración.

Académicos de alto nivel hicieron especiales esfuerzos para poder a rezar detrás de él. Allamah Tabataba'i también visitaba dicha mezquita para orar. Casi tan pronto como Agha Bahjat se aprestaba a comenzar la oración, lágrimas caían de sus ojos - con frecuencia se debía detener porque su voz se ahogada por la emoción - tal era su temor ante la presencia de Dios.

Un estudio relato, "Hace años, Agha Bahjat iba a las despobladas partes de Qum, pasadas algunas granjas y recitar sus oraciones nocturnas con algunos compañeros en ese lugar remoto. Un día, después de la oración de maghrib, comentó, "Si tan sólo los reyes de este mundo, conocieran el placer que proviene de la realización del culto público ni siquiera mirarían los placeres del mundo ... "

Shaykh Ayatullah Javad Kerbalayi dice, "Agha Bahjat nunca pierde la oraciones de la noche (salaat al-layl) y pasa mucho tiempo llorando en medio de la noche, especialmente en la noche viernes. "

Un estudioso informo, "Yo fui con él un jueves por la noche a la Madrassa al-Sayyid en Najaf. Lo vi sollozando y llorando en la postración. Fue estaba repitiendo con su voz quebrada una y otra vez, “Ilahi! Man li ghayruk, asaluhu kashfa dhurri, wan-nadhara fi amri?!? ( «¡Señor! ¿A quién yo tengo sobre mi, ¿A quién le me puede pedir socorro y apoyo; y que examine mis asuntos?) ".

4. Su Ziyarat y Tawassul (Saludando la Ahlul Bayt (AS)

A pesar de su avanzada edad, la rutina diaria de Agha Bahjat se mantuvo sin alteraciones. Temprano por la mañana, se presentaba en el santuario de Nuestra Señora Fátima Masuma (AS) para dar sus respetos y presentar sus saludos. Con la mayor humildad, se paraba cerca de su santuario, y recitó la Ziyarat de Ashura del Imán Husain (A.S.).

Sayyid Muhammad Husein Tehrani, en su libro, Anwar al-Malakut, cita a Ayatullah Shaykh Quchani Abbas, el gran erudito y sucesor espiritual del famoso Mirza Ali Qadhi Tabataba'i, que narro: "Mientras estaba en Najaf, Agha Bahjat solía ir a Masjid al-Sahlah y pasar noches enteras solo imbuido en el culto y la contemplación. En una noche muy oscura, cuando las luces en la mezquita no iluminaban, necesito salir para realizar su wudhu. Salió de la mezquita hacia la zona oriental de la mezquita. De repente, experimentó cierta ansiedad y temor, tal vez debido a la total oscuridad. Inmediatamente, una luz apareció a su lado, a través de la cual podía ver claramente. Esta luz le acompañó mientras que salió, hizo wudhu y regresó a su lugar en la mezquita. Luego desapareció. ".

5. Su humildad

Uno de sus rasgos notables fue su humildad y sencillez, a pesar de su fama y condición de estudioso, jurista y líder contemporáneo. Durante muchos años se negó a imprimir sus edictos religiosos (tawdhih al-masail) y sólo acción después de mucha presión. Cuando se le pidió que se programara para dar lecciones, solicito que su nombre no fuera mencionado como en calidad de profesor.

Un estudioso informes, "Una vez fui con mi invitado, Shaykh Nasrullah Lahuthi, a visitar a Agha Bahjat. El Shaykh Lahuthi dijo a su maestro, "Agha! Yo estaba en Mashhad y alguien lo estaba criticando, lo cual me molesto mucho". Agha Bahjat le respondió: "Tenemos informes a través de los hadices, que si un estudioso pone demasiada atención en los asuntos mundanos, entonces él será criticado por otros. Recuerdo que pensé: "Si el camino Agha Bahjat puede ser considerado como demasiado interesado en los asuntos mundanos ", entonces ¿qué hay de nosotros!"

6. Su místico Wayfaring (sayr wa suluk) y su estación espiritual

Ayatullah Bahjat tenia muchas décadas de experiencia en la vía mística, establecida a través de su especial énfasis en el recorrido de las estaciones de viaje que llevan al alma se compromete a alcanzar la proximidad a Dios. Él era uno de los alumnos del gran maestro, Ayatullah Sayyid Ali Qadhi Tabataba'i, habiendo recibido instrucciones especiales de su maestro. Incluso en su juventud, cruzo muchas de las estaciones de la ruta espiritual. Su elevado rango en esta materia era bien conocido, inmediatamente después de la Revolución, uno de los primeros estudiosos en visitarle en Qom fue Ayatullah Jomeini. Del mismo modo, cuando Ayatullah Khamene'i asumió el cargo de Rahbar, viajo a Qom para visitar por primera vez a Agha Bahjat y recibir de él, instrucciones de carácter espiritual.

7. Su conocimiento de lo oculto (Ghayb) y sus maravillosas leyes (Karamat)

A diferencia de la mayoría de los hombres, que no tienen ni idea de la existencia o acontecimientos de del mundo invisible, Ayatullah Bahjat llego a una estación, por la gracia de Dios, donde con frecuencia era testigos de los acontecimientos que ocurren en ese mundo. De hecho, un recordatorio de esta habilidad era su constante repetición del nombre Divino de "al-Sattaar" - el Ocultador. Este dhikr y tasbih estaba constantemente en los labios de Agha Bahjat, tanto si estaba de pie o sentado. Ayatullah Misbah Yazdi dice al respecto, "Parece que el se encontraba en el nivel en el que fue testigo de muchas cosas de ghayb. A menudo, él era consciente de la verdadera naturaleza y de los secretos internos de aquellos que se sentaban en torno a él, y él invocaba a Dios, que es el Ocultador de los defectos - al-Sattaar al-'Uyub, con el fin, de que los secretos de la gente alrededor de él, le fueran ocultados. "

Esta suele ser la manera de actuar de los siervos de Dios. Su humildad era tal que no hacia nada que pudiera mostrar algún rastro de orgullo o de ego. Y a cambio de su total humildad, Dios les concedió incluso un mayor conocimiento y el estado espiritual.

No hay duda en la mente de los que saben que Agha Bahjat, es uno de aquellos a los que les fue revelado muchos secretos. Ayatullah Misbah dice a este respecto, "Aquellos que han estado alrededor de él durante muchos años hemos visto cosas que ha hecho o dice que son verdaderamente extraordinarios. A veces dice algo que parece bastante normal, pero más tarde en la contemplación, uno se da cuenta de que era debido a algún conocimiento especial que poseía. Por ejemplo, cuando el Imam Jomeini estaba en el exilio en Turquía, muchos de sus estudiantes hacían declaraciones en su defensa y se metían en problemas con el gobierno, siendo encarcelados y torturados con frecuencia. Recuerdo claramente cuando Agha Jannati fue capturado y nadie sabía donde habían sido encerrado. Se lo comente a Agha Bahjat, quien me dijo, "Inshallah, pronto informará de su puesta en libertad. "Por supuesto, algunos dirán que esto fue sólo una oración, pero en realidad, el no hacia este tipo de declaraciones acerca de cada preso. Muchas veces nos decía, "Orar por esto y lo otro", pero se mantendría en silencio. Tal como había prometido, Agha Jannati pronto fue puesto en libertad sin haber sido herido".

Uno de sus alumnos relato: "Mi esposa estaba esperando un hijo. Era el mes de Ramadán, y yo quería ir de viaje, por lo que vine a despedirme de Agha Bahjat. Se dirigió a mí y me dijo: "En este mes, será bendecido con un niño, su nombre será Muhammad Hasan y "Esto fue exactamente lo que ocurrido." Son muchos los episodios de este tipo que les sucedieron a las personas luego de sus encuentros con Agha Bahjat.

Agha Bahjat no le gusta mucho hablar acerca de estos episodios, pero a sus estudiantes de vez en cuando les narraba algunos hechos, para que estos se dieran cuenta de la existencia en nuestro tiempo de algunas personas, a quienes Dios ha concedido favores especiales.

Ciertamente, para quien se esfuerza sinceramente en la vía de Dios, entonces él mismo se convierte en su guía, "A quienes hayan combatido por Nosotros ¡hemos de guiarles por Nuestros caminos! ¡Alá está, en verdad, con quienes hacen el bien!. (Ankabut, 29/69)

Continuara ...













Fuente: http://www.islamenchile.com/

miércoles 15 de octubre de 2008

Las etapas del amor en el sufismo persa primitivo de Rābea a Ruzbāhan



Carl W. Ernst
Todo el mundo sabe que en el amor es difícil establecer clasificaciones, pero no por ello ha dejado la gente de intentar hacerlo. Especialmente en una tradición como el sufismo persa, en la que el amor es objeto de innumerables homenajes, ha sido imposible resistirse al intento de describir el carácter del amor. El panorama del sufismo primitivo en Persia ofrece muchos testimonios de amor en sus diversos modos y grados. Las clasificaciones místicas de las etapas del amor se diferenciaban de los análisis filosóficos, legales y laicos del amor en que los sufíes colocaban siempre el amor en el ámbito de su psicología mística de "estados" y de "moradas", y hacían hincapié en el amor como la transcendencia del yo.[1] Es más, el amor en sus diferentes formas era tan importante que se le reconocía generalmente como "la meta más elevada de las moradas y la cumbre más alta de los estados" en palabras de Abu Hāmed Qazāli.[2] Las clasificaciones de las etapas del amor, según los primeros sufíes, diferían en detalles, pero todos ellos insistían fundamentalmente en que el amor era la forma más importante de la relación entre el hombre y lo divino. Podemos seguir el desarrollo histórico de las clasificaciones del amor en el sufismo persa, siguiendo una línea prácticamente directa desde sus orígenes, con Rābe′a de Basra, hasta el compendio de amor del sufí de Shirāz del siglo VI/XII, Ruzbahān Baqli. A lo largo de todo este desarrollo, podemos observar como se van produciendo gradualmente muchos refinamientos, e incluso como se infiltra cierto vocabulario procedente de la tradición filosófica profana, pero el énfasis fundamental está en el amor que aspira a la unión con Dios.

El problema de la clasificación de las etapas del amor es inseparable del tema más amplio de los estados (ahwāl) y de las moradas (maqāmāt) en el sufismo. En última instancia, el impulso de clasificar se remonta al Qorán, con su diferenciación por niveles de las almas, donde el término maqām es bastante frecuente.[3] En el sufismo, muchos comentaristas han observado que este tipo de clasificación se remonta al menos hasta el egipcio Zo′n-Nun (m. 246/861), a quien se atribuyen listas con diecinueve y con ocho etapas, mientras, en Irán, Yahyā ibn Mo′āz (m. 258/872) hablaba de siete o de cuatro.[4] Paul Nwyia ha seguido la pista del interés de los sufíes por estructurar la experiencia mística hasta el sexto Imán de los shi′ies, Ŷa′far al-Sādeq (m. 148/765), cuyo comentario del Qorán sentó las bases para la exégesis sufí de Zo′n-Nun. Ŷa′far al-Sādeq recopiló tres listas de etapas, que analizaban el itinerario espiritual hasta la visión del rostro de Dios: las doce fuentes de la gnosis, las doce constelaciones del corazón y las cuarenta luces que proceden de la luz de Dios. Como señalaba Nwyia, el orden y la selección de los términos incluidos en las diferentes listas variaban considerablemente, indicando que las etapas del progreso del alma no estaban en absoluto fijadas en aquel tiempo (Nwyia 1970, pp. 170-173). A pesar de ello es significativo que las etapas del amor ocuparan posiciones destacadas en las listas de Ŷa′far as-Sādeq: el amor (mahabba) y la intimidad (ons) son la undécima y la duodécima fuentes de la gnosis, y el amor (mahabba), el anhelo (shoq) y el arrebatamiento amoroso (walah) son las tres últimas constelaciones del corazón. Para ilustrar lo aquí expuesto, presentamos la segunda lista de Ŷa`far:

El cielo es llamado "cielo" debido a su elevación. El corazón es un cielo, ya que asciende por la fe y la gnosis sin límite ni restricción. Al igual que "el Objeto del conocimiento" [Dios] es ilimitado, su gnosis es ilimitada. Los signos del Zodiaco del cielo son los recorridos del Sol y de la Luna, y son Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis. En el corazón hay signos zodiacales, y son:

1. el signo de la fe (imān);
2. el signo de la gnosis (ma`refa);
3. el signo del intelecto (′aql);
4. el signo de la certidumbre (yaqin);[5]
5. el signo de la sumisión (islām);
6. el signo de la benevolencia (ehsān);
7. el signo de la confianza en Dios (tawakkol);
8. el signo del temor (jof);
9. el signo de la esperanza (reŷā′);
10. el signo del amor (mahabba);
11. el signo del anhelo (shoq);
12. el signo del arrebatamiento amoroso (walah).

Por estos doce signos del zodiaco es por lo que el corazón se mantiene bueno, del mismo modo en que, por los doce signos del zodiaco, desde Aries y Tauro hasta el final, son buenos el mundo evanescente y sus habitantes.[6]

Se puede ver una progresión, un ascenso, en esta clasificación primitiva, pero son las etapas del amor las que ocupan una posición importante, por no decir preeminente, en la experiencia espiritual del alma.

La elevación del amor a Dios a un nivel supremo por parte del sufismo se ha vinculado casi siempre a Rābe′a al-′Adawiyya (m. 1185/801), la famosa santa de Basra. Uno de los primeros ascetas sufíes de la llamada escuela de Basra, ′Abd al-Wāhed ibn Zayd, en el siglo VII, introdujo el término no-coránico de "`eshq", el "amor apasionado", para describir la relación de lo divino y lo humano (Massignon 1968, p.214). Otro sufí de Basra, Rabāh al-Qaysi, utilizó el término jolla, "amistad" (ibid., p. 217). Pero es Rābe′a quien se ha hecho especialmente famosa al distinguir entre el enamorado egoísta de Dios, que busca el paraíso, y el enamorado desinteresado, que piensa sólo en el amado divino. Para ella, el amor (hobb o mahabba) significa reunión en Dios, con exclusión de todo lo demás. Cuando Sofyān al-Suri preguntó a Rābe′a cuál era la realidad de su fe, ella contestó: "No le he adorado por miedo a Su fuego, ni por amor a Su jardín, porque no sería entonces más que una miserable mercenaria; sino que Le he rendido culto por amor a Él y porque le añoraba" (Qazāli s.f. IV, 2598). Su distinción, citada a menudo, entre los "dos amores", un amor egoísta que busca el paraíso y un amor desinteresado que busca complacer a Dios, es el punto de partida fundamental para entender las etapas del amor[7]. Rābe′a escribió:

Te amo con dos amores:
un amor egoísta y un amor del que eres merecedor.
El amor que es un amor egoísta es mi recuerdo de Ti y nada más.
Pero en cuanto al amor del que Tú eres merecedor,
¡ah!, rasgaste los velos para que yo pudiera verte.
No merezco elogio por ninguno de los dos amores,
pues Tuyos son los elogios en este amor y en aquel.[8]

A pesar de que Rabe′a no realizó un análisis detallado del amor más allá de esta distinción básica, el gran sufí andalusí Ibn ′Arabi señaló que "ella es la que analiza y clasifica las categorías del amor hasta el punto de ser su intérprete más famoso".[9] Los poemas y las anécdotas referidas a ella que nos han llegado proceden de autores de períodos posteriores; es, sin embargo, llamativo que la tradición sufí atribuya unánimemente a Rābe′a estos análisis del amor y que la considere el prototipo del puro enamorado de Dios.[10] Independientemente de la dificultad de asegurar cuales eran sus formulaciones exactas, podemos sin embargo decir de Rābe′a que fue la primera persona en realizar una reflexión profunda sobre la naturaleza del amor místico en el Islam.

Los sufíes persas primitivos desarrollaron con más profundidad la distinción entre el amor egoísta a Dios, que busca el paraíso, y el amor a Dios por Él mismo. Shaqiq al-Balji (m. 194/810), uno de los primeros sufíes del Jorasān (en el N-E de Persia), se interesó especialmente por la clasificación psicológica. Solami (m. 412/1021) apuntó a propósito de él: "Creo que fue el primero en hablar de las ciencias de los estados místicos (ahwāl) en el Jorasān" (Solami 1406/1986, p. 61). En un pequeño tratado sobre el culto, Ādāb al-′ebādāt (Las formas de culto), Shaqiq dio una de las primeras descripciones en la literatura sufí del progreso del alma a través de las diferentes mansiones (manāzel). Estas mansiones son cuatro: ascetismo (zohd), temor (jof), anhelo del paraíso (shoq elā al-ŷanna), y amor a Dios (mahabba lellāh). Esta clasificación es evidentemente muy arcaica. Shaqiq describe cada etapa como un retiro de cuarenta días, y para las dos primeras mansiones da detalles sobre la disciplina del apetito y de las emociones, y sobre la iluminación de la gracia divina conferida al aspirante. La tercera mansión requiere la meditación sobre las delicias del paraíso, hasta el extremo de que en el cuadragésimo día uno haya olvidado todo lo referente a las etapas anteriores y se encuentre en un estado tal de felicidad que no haya desgracia que lo pueda perturbar.[11]

Aunque son muchos los que se adentran en las mansiones del ascetismo, del temor y del anhelo por el paraíso, según Shaqiq, no todos penetran en la mansión del amor, que es la más elevada de ellas. Aquellos purificados a quienes Dios lleva a esta mansión tienen sus corazones llenos de la luz del amor y olvidan las moradas anteriores; la luz divina del amor eclipsa las demás experiencias, del mismo modo en que el sol naciente hace invisibles a la luna y a las estrellas. La esencia de la experiencia del amor de Dios es que se trata de una devoción exclusiva y absoluta, que no deja lugar para nada más en el corazón (Balji 1982, pp. 20-21). Debe señalarse especialmente que, en esta clasificación, el término anhelo (shoq) se reserva para el anhelo por el paraíso, mientras que en textos posteriores sobre el amor, se refiere a otro forma para el alma de desear a Dios. Parece que la preocupación de los sufíes por establecer la primacía del amor a Dios dio lugar a descartar el deseo del paraíso como meta legítima del misticismo; de ahí que el anhelo se pueda dirigir solamente hacia Dios.

Es difícil hacer un seguimiento preciso a partir de este punto de cómo se fueron desarrollando las enseñanzas sufíes sobre los estados del amor, pero está claro que los sufíes de Bagdad en el siglo III/IX dedicaron gran atención a esta materia. Como se puede deducir de su apodo, "el amado", se dice de Somnun al-Mohebb (m. 287/900) que situó en sus enseñanzas el amor en el lugar más elevado. Según un testimonio registrado por el maestro de Qazna, ′Ali Hoŷwiri (m. 465/1071), Somnun describió el amor como el más elevado y el más global de los estados espirituales. "El amor es el principio y el fundamento del camino hacia Dios el Altísimo. Los estados y las moradas son mansiones [relacionadas todas ellas con el amor]; sea cual sea la mansión en la que se halle el buscador, es adecuado que ésta termine, excepto la mansión del amor. De ninguna modo es adecuado que ésta acabe, mientras exista la senda."[12] Hoŷwiri comenta que todos los demás sheijes están de acuerdo con Somnun en esta materia, aun cuando, por prudencia, puedan usar terminologías diferentes.

Entre los sufíes de Bagdad, el persa Hallāŷ (m. 309/922) ponía también un énfasis especial en el amor como cualidad de Dios, un énfasis que algunos han percibido como filosófico.[13] Louis Massignon señalaba que Hallāŷ, en un texto recogido por Solami, había descrito una lista de estados y de moradas psicológicos cuyas últimas entradas estaban claramente referidas al amor; esta lista está muy relacionada con la de "las constelaciones del corazón" de Ŷa′far as-Sādeq, anteriormente descrita. En este texto, Hallāŷ propone una forma de poner a prueba la sinceridad de los que pretenden haber tenido experiencias espirituales, que es el yuxtaponer cada momento (waqt) de esa experiencia interior con las prácticas y las cualidades que debe tener quien hace pretensión de ella:

Y entre sus maneras está el esforzarse por conocer las exigencias de las pretensiones (da′āwi)[14] y la búsqueda para [alcanzar] cada momento con las maneras correspondientes [al estado] anunciado por el que dice que está en ese momento. Husein ibn Mansur dijo:

1. El que dice tener (dā´i) fe (imān) debe tener guía (roshd).
2. El que dice tener sumisión (islām) debe tener ética (ajlāq).
3. El que dice tener benevolencia (ehsān) debe tener contemplación (moshāhada).
4. El que dice tener comprensión (fahm) debe tener abundancia (riyāda).
5. El que dice tener intelecto (′aql) debe tener gusto (mazāq).
6. El que dice tener conocimiento (′elm) debe tener audición (samā).
7. El que dice tener gnosis (ma′refa) debe tener espíritu, paz y fragancia
(al-ruh wa al-rāha wa al-rā′iha).
8. El que dice tener alma (nafs) debe tener plegaria (´ebādat).
9. El que dice tener confianza en Dios (tawakol) debe tener confidencia (theqa).
10. El que dice tener temor (jof) debe tener agitación (enze′āŷ).
11. El que dice tener esperanza (reyā) debe tener serenidad (tamā′nina).
12. El que dice tener amor (mahabba) debe tener anhelo (shoq).
13. El que dice tener anhelo (shoq) debe tener arrebatamiento amoroso (walah).
14. El que dice tener arrebatamiento amoroso (walah) debe tener a Dios (Allāh).

Y el que no cumple con ninguna de estas exigencias fracasará; forma parte de los que vagan por los desiertos de la perplejidad. Y Dios está con aquel que no se preocupa.”[15]

Massignon adecuadamente observó que la lista de Ŷa′far al-Sādeq repetía en parte la de Hallāŷ; los seis últimos términos son idénticos en ambas, y los seis primeros términos de la lista de Ŷa′far están repetidos (con una excepción) en un orden diferente en la lista de Hallāŷ.[16]

Comparando la lista de las constelaciones de Ŷa′far y la de las pretensiones espirituales de Hallāŷ, uno se puede preguntar hasta qué punto son similares sus propósitos. En cuanto a terminología sufí, ambas listas pertenecen más a la categoría de estados (ahwāl) que a la de moradas (maqāmāt).[17] La lista de Hallāŷ parece representar más claramente una serie ascendente, ya que culmina en Dios. Complica la lista básica de estados haciendo que cada estado al que uno aspira dependa de otros logros. Los últimos términos en la serie están enlazados, de modo que el duodécimo, mahabba, depende del decimotercero, shoq, el cual a su vez depende del decimocuarto, walah. En contraste, la lista de estados de Ŷa′far se estructura de una forma más simple, siguiendo los signos zodiacales. Cada uno de estos estados es una constelación en el cielo del corazón, y constituye un modo de relación con Dios. Los estados son esencialmente ilimitados, ya que el objeto con el que están relacionados (Dios) es ilimitado. Al igual que las constelaciones del Zodiaco en el cielo, los estados del corazón son los medios para regular el orden del microcosmos, psíquico en este caso, y los concibe como órbitas alrededor de Dios. Las catorce pretensiones de Hallāŷ parecen una especie de comentario y de prolongación de la lista anterior, en que se explican los esfuerzos humanos o las concesiones divinas que son necesarios para alcanzar estos estados espirituales. Las dos categorías que añade a la lista de Ŷa′far al-Sādeq son ´elm y fahm, conocimiento religioso y entendimiento, pertenecientes ambos al ámbito del conocimiento. Pero Hallāŷ reconoce el carácter extraordinario de los tres últimos estados que son los que se refieren al amor; están vinculados entre sí y el último estado, el arrebatamiento amoroso (walah), depende solamente de Dios. En este desarrollo de los estados del amor, Hallāŷ adapta la formulación de Ŷa′far al-Sādeq, basada en las escrituras, para ilustrar y enfatizar la posición suprema que el amor tiene entre todos los grados espirituales.

El siguiente análisis, bien conocido, del amor realizado por el sufismo persa es cronológicamente el de Abu al-Hasan al-Daylami, un erudito de finales del siglo IV/X que siguió la tradición del sheij sufí Ibn al-Jaff de Shirāz (m. 371/981).[18] Daylami participaba sin embargo, al mismo tiempo, de la tradición filosófica greco-árabe, procedente probablemente del círculo del filósofo Abu Hayyān al-Tawhidi. Daylami es el autor de la obra Ketāb ′atf al-alef al-ma′luf ′alā al-lām al-ma′tuf (El libro de la inclinación del familiar alef hacia el inclinado lām), un tratado sobre el Amor, conocido a través de un único manuscrito, que trata sobre sufismo, filosofía y cultura en la corte árabe (adab). En este tratado, Daylami ha dado una lista dedicada exclusivamente a las etapas del amor, utilizando para describirlas el término específico sufí de morada (maqām). Describe diez etapas, de la siguiente forma:

1. olfa, familiaridad.
2. ons, intimidad.
3. wodd, afecto.
4. mahabba haqiqiyya duna al-maŷāziyya, amor verdadero sin amor metafórico.
5. jolla, amistad.
6. sha′af, amor excesivo.
7. shaqaf, encaprichamiento.
8. estehtār, ocultamiento.
9. wallah, arrebatamiento amoroso.
10. hayamān, perplejidad.

Estas diez categorías se completan con una undécima, ´eshq, amor apasionado, un término que abarca la devoción exclusiva hacia el amado (Daylami 1962, pp. 20-24). Daylami consigue precisar los grados del amor con un aumento inequívoco de la energía y de la intensidad según se avanza a lo largo de las diez etapas. Conserva términos clave en el vocabulario sufí del amor, como mahabba, ons y walah y sitúa el término controvertido de ′eshq en el centro de la discusión. Daylami dice incluso de Hallāŷ que es el sufí más cercano a los filosófos, cuando habla del ′eshq como la esencia de Dios.[19] Pero, en esta clasificación, se percibe otro espíritu, que evoca la poesía de la corte en la era abasí; no solamente algunos de los términos son poco usuales en el contexto sufí sino que Daylami da además, para cada uno de ellos, su etimología culta y ofrece ejemplos sacados de la poesía clásica árabe, varios incluso atribuidos a Majnun, para ilustrar las connotaciones de cada uno de los diez términos. El título de este tratado, con su referencia erudita a las caligrafías de las letras alef y lām, indica también el carácter literario de su enfoque. Por añadidura, al separar las moradas del amor del resto de las moradas espirituales, Daylami ha sacado al amor de su contexto sufí. Su lista de definiciones y de categorías del amor recuerda más bien las discusiones eruditas que tenían lugar habitualmente en los círculos filosóficos (Kraemer 1986, pp. 52-53). Si bien esta obra, claramente ecléctica y en parte profana, no parece a primera vista fundamental en el sufismo persa, sus capítulos sobre las actitudes sufíes respecto del amor ofrecen un testimonio interesante, y de hecho la obra permaneció viva en la tradición de Shirāz y fue adoptada por Ruzbahān Baqli, como veremos más adelante.[20] Lo significativo de la ordenación realizada por Daylami es que se trata de una clasificación sistemática del amor que recoge las tendencias del sufismo, de la filosofía y de la cultura de la corte.

Las importantes obras didácticas y los manuales de instrucción de los sufíes iraníes en el siglo V/XI siguieron desarrollando el concepto del amor en términos de estados y de moradas. Abu al-Qāsem al-Qoshayri (m. 465/1072), en su famoso manual sobre el sufismo, situó el amor (mahabba) y el anhelo (shoq) en las posiciones cuarenta y nueve y cincuenta de su lista de cincuenta moradas (Qoshayri 1972-74, II, 610-33). Lo que Qoshayri entendía por anhelo era complejo; no era simplemente la privación de la presencia del amado. El anhelo por la visión del rostro divino, desde su punto de vista, era tan intenso que sólo podía derivar en el encuentro con Dios (Ibíd., II, 627). ′Abdollāh Ansāri (m. 481/1089), en su obra persa Sad maydān (Cien campos) contemplaba el amor como el principio que abarca el progreso espiritual. Afirmaba que “los cien campos estaban todos sumergidos en el campo del amor (mahabba)”. Al amor en sí mismo lo dividía en tres grados, la rectitud (rāsti), la embriaguez (masti) y la anulación (nisti) (Ansāri 1361/1982, p. 413). En su tratado posterior sobre las cien mansiones, Manāzel al-sā′erin (Las mansiones de los caminantes), redujo algo el nivel de las moradas del amor, con un propósito educativo: el amor (mahabba) pasaba a ocupar el lugar sesenta y uno, el anhelo (shoq) el sesenta y tres y la perplejidad (hayamān) el sesenta y ocho. Este cambio en el nivel de importancia se ha explicado convincentemente como el resultado de la gran insistencia de Ansāri en que el principiante debe centrarse en el anonadamiento (fanā´) del ego y en lo incomparable de la Unicidad divina (Tawhid). El amor y el anhelo son etapas que siguen implicando la existencia del enamorado, al menos cuando se refiere al principiante.[21] Para los elegidos, sin embargo, "su amor es su anonadamiento en el amor del Verdadero, porque todos los amores llegan a hacerse invisibles en el amor hacia Dios, por Su amor (ehbāb)".[22]

En la época selŷukida aparecieron también tratados dedicados esencialmente al amor o que insistían mucho en él, aunque estas obras eran a menudo poéticas y difusas, en contraste con los tratados sufíes, más sistemáticos. El más conocido de ellos es el Sawāneh de Ahmad Qazāli (m. 517/1123), hermano del famoso teólogo. Ritter lo describe como una de las obras sobre el amor más originales que se hayan escrito en el mundo islámico, aunque también confesó que su contenido era bastante oscuro. (Ghazāli, A. 1942, Introducción, pp. i-ii). Pourjavady, que ha traducido y comentado recientemente este texto, señala con cierto desprecio que Qazāli "no expresa sus ideas de una forma muy sistemática".[23] El Sawāneh tiene de hecho un carácter altamente refinado y metafórico, al estar dedicado a una audiencia restringida, y no hace ningún intento por analizar el amor en términos de una serie de etapas. Se trata, más bien, de una especie de fenomenología y de psicología de la relación amorosa entre el hombre y Dios, y expresa ese amor con un rico simbolismo; se basa en la densidad de la tradición literaria y mística sufí persa, pero sin ostentación.

El discipulo de Qazāli, ′Ayno′l-Qozāt Hamadāni (m. 525/1131), el mártir sufí, dedicó varios pasajes memorables en el capítulo sexto de su Tamhidāt a meditar sobre el amor, que es importante señalar como un ejemplo de ese estilo de expresión más libre. Describe al amor como un requisito religioso (fard), ya que lleva a la humanidad hacia Dios (′Ayno′l-Qozāt 1341/1962, pp. 96-97). Como los sufíes anteriores, distingue entre la búsqueda del cielo y la búsqueda del amor de Dios. Sostiene que el cielo, como estado separado, es una cárcel para los elegidos en el mundo espiritual; hablando con propiedad, Dios es, Él mismo, el cielo más elevado (Ibíd., pp. 111, 135-137). ′Ayno′l-Qozāt, que no se dedica a sistematizar, divide el amor (′eshq) tan sólo en tres categorías: (Ibíd., p. 101).

1. El amor elemental (′eshq-e saqir), que es nuestro amor por Dios.
2. El amor más elevado (′eshq-e kabir), que es el amor de Dios por Él mismo —no tiene ninguna pista por la que se le pueda reconocer, y debido a su belleza superlativa sólo se le puede describir por medio de claves y de parábolas (baramzi o methāli) (Ibíd., pp. 123-125).
3. El amor intermedio o mutuo (′eshq-e miyāna), que también evita describir —en él, al comienzo, uno encuentra una diferencia entre el que contempla y el contemplado, hasta que alcanza el límite, en el que se hacen uno (Ibíd., p. 115).

Las diferentes manifestaciones del rostro del Amado, simbolizadas en los pasajes del Qorán, pueden considerarse como varias moradas, no una (Ibíd. p. 127). Pero a ′Ayno′l-Qozāt no le interesa dar cuenta detallada de dichas moradas. Menciona tan sólo que la primera morada del amor es el asombro (tahayyor) (Ibíd., p. 109). La máxima preocupación de ′Ayno′l-Qozāt es el estado de amor mutuo entre Dios y el ser humano, en el que se realiza el versículo coránico: Él los ama y ellos le aman (5,54). Experimentar este amor mutuo es como disfrutar del resplandor del sol cósmico, revelado en los versículos coránicos que se convierten en lugares de retiro para el alma meditativa.[24] En este punto, la esencia de la relación íntima entre Dios y el alma se revela ser amor: "¿Sabes que la Esencia unitaria del Todopoderoso tiene una característica, y que esa característica (′aradh) no es sino amor apasionado?... El amor de Dios se convierte en la sustancia (ŷawhar) del alma [humana], y nuestro amor se vuelve la característica de Su existencia". (′Ayno′l-Qozāt 1341/1962, p. 112).

Pero es quizás en Ruzbahān Baqli (m. 606/1209) donde se articulan de manera más sorprendente los estados del amor en el sufismo persa primitivo. Ruzbahān compuso su tratado persa ′Abhar al-′āsheqin (El jazmín de los enamorados), para dirimir la cuestión, planteada por una interlocutora, de si es legítimo describir a Dios en términos de amor apasionado (′eshq); estudiosos contemporáneos como Corbin han supuesto que esta mujer podría haber sido la bella cantante de la que Ruzbahān supuestamente se enamoró durante una estancia en La Meca.[25] Hay muchos aspectos de este tratado merecedores de comentarios y de análisis pero, a los efectos de la presente exposición, destacan dos pasajes. El primero es la breve recapitulación que hace Ruzbahān de la lista de Daylami de las etapas del amor, introduciendo algunos cambios; la segunda sección es la prolija descripción de la lista del propio Ruzbahān de las moradas del amor. Como lo ha señalado Takeshita, Ruzbahān ha incorporado en su ′Abhar al-′āsheqin algo menos de un sexto del ′Atf al-alef de Daylami, y esta lista de diez moradas ocupa un par de páginas en el capítulo sexto de Ruzbahān, que trata de la naturaleza del amor humano.[26] Realmente, Ruzbahān ha abreviado considerablemente la lista de Daylami, y elimina los ejemplos de poesía árabe en seis de los diez términos, y omite totalmente otro término (estehtār). Después, y casi como una posdata, ha añadido, casi sin explicación, tres términos adicionales, no utilizados por Daylami: hayaŷān, agitación, ′atash, sed, y shoq, anhelo. Como ya vimos, la lista de diez términos de Daylami pertenece más a la tradición filosófica y cortesana que al sufismo. ¿Cuál es el sentido de su presencia aquí, de esta forma? El contexto indica que Ruzbahān está utilizando la lista de Daylami para ilustrar el carácter del amor humano mundanal.

La lista de las moradas del amor prosigue con una disertación cosmológica un tanto oscura, en la cual Ruzbahān describe cuatro principios del amor, semejantes a los cuatro elementos de la naturaleza. Estos principios los formula del modo siguiente:

1) La capacidad natural del cuerpo para recibir la influencia espiritual.
2) La unión con la luz espiritual.
3) El amor como capacidad del enamorado para percibir la belleza.
4) La belleza que se convierte en una relación real con el ojo del enamorado para crear la unidad del amor que se diferencia en forma de enamorado y de amado.[27]

El resultado de estos cuatro principios es que el enamorado busca al amado a través de los sentidos y asciende después lentamente por las moradas del amor hasta alcanzar la perfección. Ahora bien, las once moradas del amor que Ruzbahān desarrolla a partir de las de Daylami no son sino el comienzo del avance del enamorado; Ruzbahān las describe como riachuelos que desembocan en el mar del amor. Vienen luego la presencia y la ausencia, la sobriedad y la ebriedad, y muchas otras cualidades, abarcadas todas ellas por el amor. Pero todo esto sigue estando en el ámbito del amor humano, que contempla las obras del Creador, en los inicios del amor. Las categorías filosóficas del amor tomadas prestadas de Daylami siguen siendo impuras y contienen los defectos (′elal) del yo carnal. El amor natural, la forma más inferior de amor, puede a pesar de todo, ser purificado primero y divinizado después (Ruzbahān Baqli pp. 42-43). El contexto señala que Ruzbahān ha reinsertado las categorías filosóficas de Daylami en las enseñanzas sufíes.[28] Al igual que el eros platónico, el ′eshq filosófico proporciona la energía que puede ser transformada y purificada en el camino espiritual. Pero eso sucederá más adelante.

En la parte final del ′Abhar al-′asheqin, desde el capítulo diecinueve al treinta y dos, Ruzbahān describe el ascenso místico hasta el amor perfecto. Esta progresión se compone de doce moradas:

1. ′obudiyyat, servidumbre.
2. welāyat, santidad.
3. morāqabat, meditación.
4. jof, temor.
5. raŷā, esperanza.
6. waŷd, encuentro.
7. yaqin, certidumbre.
8. qorbat, proximidad.
9. mokāshafa, desvelamiento.
10. moshāhada, contemplación.
11. mahabbat, amor.
12. shoq, anhelo.

A estas doce moradas les sigue "el nivel más elevado, el amor universal (′eshq-e kolli), que es la meta del espíritu".[29] Ruzbahān ha desarrollado el significado de cada morada de un modo global e incluso práctico, aunque a menudo su exposición es enrevesada debido a su estilo desbordantemente metafórico. Sus explicaciones recurren a versículos concretos del Qorán que son vistos como el lugar específico de ciertas experiencias espirituales. Podemos resumir escuetamente sus descripciones de esas moradas como sigue. La servidumbre consiste en la práctica de la disciplina espiritual como, por ejemplo, el zekr, la oración, el silencio y el ayuno, con objeto de purificar nuestra naturaleza. La santidad incluye cualidades como el arrepentimiento (tawba), la piedad (wara′) y el ascetismo (zohd). La meditación se basa en el control de los pensamientos dispersos y en la visión de nuestra verdadera naturaleza. El temor es una forma de fuego purificador que inspira la forma de proceder de los profetas, aunque es una decepción si le aleja a uno del Amado. La esperanza es luego la cura, que conduce a la primavera del alma. El "encuentro" es hallar la cercanía del Amado (Ruzbahān señala que ha explicado sus diferentes variedades en una obra para principiantes, el Risālat al-qods, Tratado sobre lo sagrado). La certidumbre de los elegidos es algo que va más allá de la fe inquebrantable que es la certidumbre de la gente corriente; se trata de la percepción directa en el corazón de los atributos divinos. La proximidad es un ascenso hacia la presencia divina con una trascendencia cada vez mayor, que Ruzbahān describe con una imagen característica, la de las alas de un pájaro ardiendo en el vuelo.[30] El desvelamiento opera en los niveles del intelecto, del corazón y del espíritu para revelar las diferentes formas del amor; une el amor y la belleza en el alma y revela al señorío divino como el vino del amor. La contemplación es una categoría que Ruzbahān divide en dos partes que se corresponden con la sobriedad y con la ebriedad (una división que se puede hacer en cada morada); la parte sobria de la contemplación es revestirse con la divinidad (eltebās), un rasgo de Abraham, mientras que la parte ebria es disolverse (mahw), una característica de Moisés —si bien Mohammad reunió ambas experiencias en su contemplación.[31]

Tras las diez moradas descritas, Ruzbahān se extiende sobre la naturaleza de la décimoprimera, el amor (mahabba). Este amor puede dividirse naturalmente en dos fases que corresponden a la gente común y a los elegidos. El amor de la gente común se basa en la manifestación de la belleza en la creación, y aunque es realmente milagroso, sus grados son los de la fe y no los de la contemplación directa. El amor de los elegidos se basa en tres clases de contemplación. La primera tuvo lugar en el estado de la pre-creación, en el que las almas de la humanidad, aún sin encarnar, hicieron un pacto con Dios reconociéndole como su señor (Qo 7,171).

Le pidieron al Verdadero belleza, para que la gnosis fuera perfecta. El Verdadero apartó el velo del poder y les mostró la belleza de la esencia de la majestad. Los espíritus de los profetas y de los amigos de Dios quedaron ebrios al oír [la palabra divina y al ver] la belleza de la majestad. Se enamoraron del Amado eterno, sin rastro de temporalidad. A partir de esta etapa, su amor fue aumentando con los niveles del progreso divino, pues cuando los espíritus santificados tomaron forma terrenal, debido a su añoranza previa, comenzaron todos a decir "!Muéstrame!" (Qo 7,143). Encontraron el lugar del deleite, de tal forma que sea lo que sea lo que ven en este mundo, todo lo ven como Él.[32]

A esta le sigue una segunda etapa de contemplación en la cual la sustancia del espíritu no está en absoluto velada por características humanas y halla al Amado divino sin ningún intermediario. La tercera etapa de contemplación perfecciona la segunda, pues la visión sin obstáculo de Dios tiene lugar en la eternidad. Cada uno de los atributos del Amado inspira una clase de amor diferente, y el enamorado se transforma en un espejo de Dios, de modo que todo el que mira al enamorado se convierte en enamorado de Dios. Incluso en este nivel del amor, hay distinciones adicionales, en función del grado de conocimiento de la Unicidad divina.

Con el decimosegundo estado, el anhelo (shoq), Ruzbahān nos lleva tan cerca de la Unicidad divina que las distinciones entre el amor y el anhelo se vuelven paradójicas. Asocia el anhelo a las plegarias de Mohammad que pide "el placer de vislumbrar Tu cara y el deseo de encontrarme contigo". Describe el anhelo como un fuego que abrasa todos los pensamientos, los deseos y los velos del corazón. Y cuando el enamorado se une con el Amado: "¿por quién es el anhelo, por quién el amor, sino por uno mismo?" (Ruzbahān Baqli, 1958, p. 136). El lenguaje del amor implica aún dualidad. Si el amor y el anhelo alcanzan la unidad, dejarán ambos de existir por siempre.
En la decimotercera y última sección sobre la perfección del amor, Ruzbahān retoma su argumentación, y equipara a Dios con el amor. Puesto que el amor apasionado (′eshq) es un atributo divino, Dios se ama a sí mismo; Dios es el amor, el enamorado y el amado. La perfección del ′eshq se identifica con el mahabba divino. Esto no implica distinción alguna en la Esencia divina; los múltiples Atributos de Dios no son sino aspectos de su Belleza que Él revela a los espíritus de la humanidad. El amor sigue siendo una cualidad eterna. Ruzbahān lo llama "la hiedra de la tierra de la eternidad que se ha enroscado sobre el árbol del alma del enamorado. Es una espada que cercena en el enamorado la cabeza de la temporalidad. Es la cima de las montañas de los Atributos, en la cual el alma del enamorado que la alcanza se convierte en prisionera del amor" (Ruzbahān Baqli 1958, p. 139). Cuando el enamorado y el Amado se vuelven uno, se produce una transformación completa: "El enamorado llega entonces a ser el gobernante del reino de lo Verdadero. Cuando lo Verdadero le domina, su forma corporal se convierte en celestial, su alma se hace espiritual, su vida se vuelve divina. Se convierte en el amado del Amado, en el deseado del Deseado" (Ruzbahān Baqli 1958, p. 139). A continuación, se ofrecen muchas paradojas más. Desde cierto punto de vista, el amor nunca puede alcanzar su perfección, pues el Amado no tiene límites. Y sin embargo, la perfección del amor es la esencia de la perfección. El amor es también anonadamiento (fanā′); cuando la Belleza se revela totalmente, no permanecen ni el enamorado ni el Amado. No puede decirse que mueren los enamorados que encuentran su vida en el amor de Dios; están, como los mártires, siempre vivos en Dios. Los enamorados se convierten en espíritus angélicos, que vuelan en lo más alto del cielo con los ángeles pavo real, como Jezr, Elías, Idris y Jesús. Dominan al mundo, y se muestran donde desean; este era el caso de Abraham, de Moisés, de Aaron y de Mohammad. Algunos toman formas terrenales, como los santos sufíes, y otros apartan sus cuerpos como si fueran velos. En última instancia, el límite del amor queda marcado por las dos moradas de la gnosis (ma´refat) y de la Unicidad (Tawhid).[33] Se caracteriza por las dos etapas finales del anonadamiento y de la subsistencia. Pero la perfección del amor es el final del amor; en su estado más elevado, el amor ya no existe. Llegado a este punto es cuando se puede hablar con expresiones paradójicas (shathiyyāt), como la de Bāyazid "Gloria a mí", o la de Hallāŷ "Yo soy la Verdad". La experiencia de unidad con Dios del enamorado va más allá de cualquier otro modo de expresión.[34]

En sus meditaciones sobre la naturaleza del amor, los sufíes persas se muestran muy coherentes entre sí. Los análisis se fueron haciendo cada vez más complejos con el tiempo, lo cual es la tendencia natural en la evolución de las tradiciones. Cada generación fue puliendo los puntos de vista anteriores, en la medida en que cada persona aportaba sus propios matices al conocimiento colectivo. Pero el ámbito fundamental seguía siendo el mismo. Se consideraba al amor, junto con sus estados allegados, como la forma más perfecta de relación entre el hombre y la Divinidad. El factor principal que sitúa este amor por encima del amor mundanal fue reconocido ya por Rābe′a: el amor divinizado va más allá de los deseos del ego (es precisamente en este punto donde los sufíes tienen diferencias más acusadas con los teóricos del amor profanos, pues éstos rechazan cualquier posibilidad de amor altruista o místico). Los sufíes expresaron su comprensión del amor, obtenida mediante el análisis de las características de sus experiencias interiores, refiriéndola a estados y moradas espirituales, y la riqueza de su análisis psicológico es lo que distingue su visión del amor. El número y la secuencia de estas moradas pueden variar de un autor a otro, o pueden presentar diferencias entre varias obras de un mismo autor, según sea lo que precisan los distintos lectores. A pesar de todo ello, la comparación de las distintas listas de moradas del amor demuestra una gran coherencia en todas ellas. La tendencia a clasificar y a definir el amor tomó a veces un carácter racionalista, como en la presentación cuasi-filosófica de Daylami. Otros sufíes, como Ruzbahān, consiguieron sin embargo vincular sus clasificaciones con una comprensión mística del amor y con el anonadamiento del ego. Pero no obstante, incluso las explicaciones más ingeniosas de los matices del amor no dejan de ser poco satisfactorias. Suponiendo que estas obras sobre las moradas del amor pertenecieran a una enseñanza mística, su propósito parece haber sido el de indicar el sentido de la progresión hacia una meta de unión con Dios. Si bien, como han afirmado muchos autores, la consecución de esa meta hace que el lenguaje del amor se convierta en un dualismo inaceptable. La genialidad de estos escritores sufíes fue la que les permitió expresar todas esas delicadas sombras del progreso espiritual mientras insistían al mismo tiempo en lo inadecuado de sus explicaciones, señalando así lo que se sitúa más allá. Como dijo Somnun, "el enamorado": "Nada explica algo salvo otra cosa que sea más delicada, y no hay nada más delicado que el amor, y por tanto, ¿con qué explicarlo?"[35]

Este artículo se presentó por vez primera en la conferencia sobre "Sufismo persa, de sus orígenes a Rumi", 11-13 de mayo de 1992 en la Universidad George Washington, Washington, EEUU.


[1]. Sobre las clasificaciones seglares, místicas y legales del amor, véanse las tablas de Bell (1978), pp. 157-160. Se pueden encontrar reseñas literarias en Ritter (1933) y (1978) esp. pp. 504-574; Giffen (1971); e Ibn ad-Dabbāq (1379/1959), Introducción, pp. ii-vi (en árabe).
[2]. Abu Hāmed Qazāli (s.f.), p. 2570. Cf. Qazāli (1955); p. 850, en el que llama al amor (mahabba) "el más elevado de los estados".
[3]. El término maqām aparece catorce veces en el Qorán. No parece necesario suponer como Massignon que este concepto es una "intrusión filosófica" de origen estoico; cf. L.Massignon (1975), 390, n. 3.
[4]. Massignon (1975), I, 390, nn. 3-4 y (1968), p. 41; Schimmel (1975), p. 100.
[5]. En el manuscrito Berlín figura aquí "alma" (nafs), que se corresponde con el nº 8 de la lista de Hallāŷ, que figura más adelante.
[6]. Nwyia (1968), pp, 35-36, en su comentario del Qorán 25,61; Nwyia ha resumido el texto en su Exégèse coranique, pp. 171-172. El texto árabe se cita también en Tafsir ′arā′es al-bayān de Ruzbahān Baqli (Lucknow: Nawal Kishor, 1301/1883-4), II, 98; en ′Arā′es al-bayān, Ruzbahān Baqli, MS 864 Sprenger , Staatsbibliotek, Berlín, fol. 272a. Agradezco a Alan Godlas el haberme proporcionado estas referencias.
[7]. Schimmel (1975) pp. 38-40; Massignon (1968) p. 216; Molé (1982), p. 41; Arnaldez (1989), p. 233; A. y Gardet (1986), pp. 26-27, 162-170.
[8]. Rabe′a, en Abu Hāmed Qazāli (s.f.) IV, 2598. A, y L. Gardet (1986), p. 165, n. 20, cita a Kalābāzi (m. 385/995) y a Abu Tāleb al-Makki (d. 386/996) como transmisores de este poema con una variación en la segunda mitad del tercer verso: "¡Ojalá no contemplara a otras criaturas, sólo a Ti!".
[9]. Ibn ′Arabi (1986), p. 247, en al-Futuhāt al-makkiya, capítulo 115.
[10]. Rābe′a fue objeto de una biografía realizada por el erudito Hanbali, Ibn al-Ŷozi (m. 597/1200), Massignon (1968) p. 239, y su historia fue contada por cristianos europeos en los siglos XIII y XVII como modelo de caridad, Gardet (1986), p. 167, nn. 25-26; Schimmel (1975), p. 8. Entre las obras contemporáneas dedicadas a ella se incluyen la conocida monografía realizada por Smith (1928); Badawi (1946); una hagiografía de Sakkakini (1982); y una revisión de las traducciones inglesas de su obra poética de Upton (1988).
[11]. Balji (1982), pp. 17-20; Nwyia (1970) pp. ha analizado extensamente este pasaje.
[12]. Somnun al-Mohebb, en A. Hoŷwiri (1398/1978), pp. 269-70. La frase entre corchetes no aparece en la edición de Islamabad, pero en una antigua litografía se puede leer: "los estados y las moradas son mansiones igualmente relacionadas con él [el amor]; cf. A. Hojwiri (1342/1923), p. 240. ′Attār ofrece un pasaje similar de este dicho: "Los estados y las moradas se refieren todos al juego del amor"; cf. F. ′Attār (s.f.), II, 69.
[13]. He explicado brevemente este tema en Ruzbahān Baqli on Love as ‘Essential Desire’ (Ruzbahān Baqli y el amor como ‘Deseo Esencial’), en C. Ernst (pendiente de publicar).
[14]. El término da′wā ha sido definido como sigue: "La demanda (da′wā) es la relación del alma con algo que no es su morada. Pero en realidad, se trata de la manifestación de la audacia (ŷor′at) con la cualidad del descubrimiento de la realidad". Ruzbahān Baqli (1966), p. 572.
[15]. Hallāŷ, en Solami (1976), p. 61, párr. 156; también reproducido a partir de un manuscrito de Estambul por Massignon (1968), pp. 428-9. nº 8, omitiendo la octava categoría y con errores en la copia de algunos términos. Extrañamente, Massignon describe precipitadamente los restantes trece términos como si fueran doce, señalando que son idénticos a la lista de las doce constelaciones psicológicas enumeradas por Ŷa′far al-Sādeq. Massignon (1975), I, 394, n. 4, pensaba que este texto podía haber sido transmitido por Ibn ′Atā′.
[16]. Si se sigue la variante de Berlín, los seis primeros términos de la lista de Ŷa′far aparecen todos en la de Hallāŷ.
[17]. Por ejemplo, Sarrāŷ enumera cuatro de estos términos (mahabba, jof, raŷā′, shoq) como números 2 a 5 de su lista de nueve ahwāl, mientras que sólo uno de ellos (tawakkol) aparece en su lista de estados. Cf. A. Sarrāŷ al-Tusi (11963), pp. 41-71, esp. pp. 51-2, 57-64.
[18]. Existen pruebas de que Ibn al-Jafif escribió dos tratados sobre el amor, uno el Ketāb al-wudd y otro el Ketāb al-mahabba, pero ambos se perdieron; ver A. Daylami (1984), introducción, p. 28.
[19]. Daylami (1962), p. 25. Ver Ernst (en preparación) para más información sobre este tema.
[20]. Ver especialmente Daylami (1962), pp. 32-36, 42-45, 68-71, 84-88 para citas sobre el amor en autores sufíes.
[21]. Ansāri aclara este punto en su ′Elal al-maqāmāt (Los defectos de las moradas), un texto escrito en respuesta a preguntas sobre el Manāzel al-sā′erin; cf. ′Elal al-maqāmāt, citado en Manāzel al-sā′erin, pp. 413-414, y Bell, pp. 171-172.
[22]. Farhādi describe este pasaje como "del final del tratado sobre el amor" cf. Manāzel al-sā′erin, p. 415, nota nº 4 (apéndice a la traducción persa de la sección sobre el mahabba en el ′Elal al-maqāmāt).
[23]. Ahmad Ghazzāli (1986), p. 6. Se puede apuntar que varios sufíes indios escribieron comentarios sobre el Sawāneh, entre otros Husayn Nāgawri, como lo cita A. Bokhāri (1332/1913-4) p. 177; y ′Abd al-Karim Lāhawri (s.f.).
[24]. ′Ayno′l-Qozāt (1341/1962), p. 128, donde se hallan los siguientes versos que resumen este estado:
La pasada noche mi Ídolo colocó su mano sobre mi pecho,
me agarró con fuerza y puso un anillo de esclavo en mi oreja.
Dije: "Amado mío, estoy llorando de amor por Ti".
Apretó sus labios contra los míos y selló mi boca.
[25]. Ruzbahān Baqli (1365/1981), introducción, p. 109, citando el relato de Ibn ´Arabi (1329), II, 315.
[26]. Ruzbahān Baqli (1958), pp. 40-41; cf. Takeshita (1987), pp. 113-131, esp. p. 118-119.
[27]. Ruzbahān Baqli (1958), pp. 38-39. Aunque Takeshita señala que Ruzbahān no nombra estos cuatro "elementos" en su pasaje decididamente oscuro, el comentario anónimo persa (Ruzbahān Baqli 1958, p. 154) ayuda a clarificarlo siguiendo las líneas sugeridas aquí.
[28]. Ruzbahān se ha adueñado de los puntos de vista filosóficos de Daylami sobre el amor en otra de sus obras. En su tratado sobre los mil y un estados espirituales, Ruzbahān cita al filósofo presocrático Heráclito (a través de Daylami) al hablar de la naturaleza del ′eshq: "El Creador hace sitio a las almas en toda la creación para que puedan contemplarle en la pureza de Su luz, que surge de la sustancia de lo Real. Y en ese momento su amor apasionado (′eshq) y el anhelo se hacen intensos y no cesan jamás". Cf. Ruzbahān Baqli (1973), p. 135, corregido según Daylami, ′Atf, p. 25.
[29]. Ruzbahān Baqli (1958), p. 100. Las moradas se describen en las pp. 101-148.
[30]. He traducido una sección de este pasaje en Ernst (1992), p. 363.
[31]. En la fase inicial de la contemplación, Ruzbahān se refiere a algunos términos de la lista de moradas del amor de Daylami: "Al principio, el alma no perdura en la contemplación, porque los asaltos de la Esencia la arrojan violentamente a la embriaguez universal por la visión (de Dios). En ese arrebatamiento amoroso (walah), el ojo no tiene poder para ver. Cuando alcanza la contemplación del conocimiento y de la unión, permanece largo tiempo en la contemplación, pero la perplejidad (hayamān) y la agitación (hayaŷān) de su éxtasis (waŷd) le distraen de la dulzura de la belleza." (Ruzbahān Baqli 1958, p. 130).
[32]. Ibid., p. 132. La referencia coránica (Qorán, VII 143) es a la petición de Moisés de ver a Dios cara a cara.
[33]. Ibid., p. 145. Uno puede preguntarse por qué Ruzbahān, en su tratado sobre las 1001 moradas, coloca las moradas del amor en una posición relativamente baja; entre los veinte capítulos de cincuenta moradas cada uno, las moradas de los enamorados (mohebbin), de los que están llenos de anhelo (moshtāqin), y de los enamorados apasionados (′āsheqin) ocupan los capítulos sexto, séptimo y octavo, mientras que los últimos capítulos se reservan para los lugares más elevados en la jerarquía espiritual. La aparente discrepancia entre esta elección y lo expuesto en el ′Abhar al-′āsheqin se puede explicar por el hecho de que la descripción de las 1001 moradas se dirige a los principiantes espirituales (Mashrab al-arwāh, pp. 3-4), mientras que el ′Abhar al-′āsheqin (como otros tratados dedicados al amor) está reservado a los elegidos. Puede observarse la misma diferencia de enfoque en las obras de Ansāri, antes mencionadas.
[34]. Ver Ernst (1984) esp. Part I.
[35]. Somnun al-Mohebb, en A. Solami (1406/1986), p. 196.

Referencias
′Attār, Farid al-Din. (n.d.) Ketāb tazkerat al-awliyā′, Mohammad Khān Qazwini (ed.), 2 vols., 5ª ed., Teherán: Enteshārāt-e Markazi.
′Ayno′l-Qozāt, ′Ali al-Meyānŷi al-Hamadāni. (1341/1962). Tamhidāt, ′Afif ′Usayrān (ed.), Enteshārāt-e Dāneshgāh-e Tehran 695, Teherán; Chāpjāna-e Dāneshgāh.
Ansāri, Abdollāh. (1361/1982). Manāzel al-sā′erin, texto árabe ed. con trad. en persa por Ravān-Farhādi, Teherán: Enteshārāt-e Mawlā.
Arnaldez, R. (1989). Réflexions chrétiennes sur la mystique musulmane, París: O.E.I.L.
Badawi, ′Abd al-Rahmān. (1946). Shahidat al-′eshq al-elāhi, Rābe′a al-′Adawiyya, Darāsāt Islāmiyya, nº 8, El Cairo: al-Nahda.
Balji, Sh. (1982). Ādāb al-′edābāt, en Trois œuvres inédites de mystiques musulmans: Saqiq al-Balkhi, Ibn ′Atā, Niffari, Paul Nwyia (ed.), Recherches, Collection publiée sous la direction de la Faculté des Lettres et des Sciences Humaines de l´Université Saint-Joseph, Beyrouth, Série I: Pensée arabe et musulmane, vol. VII, 2ª. ed., Beirut: Dar el-Machreq éditeurs SARL.
Bell, J.N. (1978). Love Theory in Later Hanbalite Islam, Albany: SUNY Press.
Bojāri, ′Abd al-Haqq Muhaddith Dihlawi. (1932/1913-4). Ajbār al-ajyār fi asrār al-abrār, Muhammad ′Abd al-Ahad (ed.), Delhi: Matba′-ye Moŷtabā′i.
Daylami, Abo′l Hasan. (1984). Sirat-e sheij-e kabir Abu ′Abdo′llāh ibn Jafif Shirāzi, trad. persa de Rokn al-Din Yahyā ibn Ŷoneid Shirāzi, Annemarie Schimmel (ed.), Ankara: reed. Teherán: Enteshārāt-e Bābak, 1955.
Daylami, Abo′l Hasan. (1962), Ketāb ′atf al alef al mā′luf ′alā′l-lām al ma′tuf [sic], J.C. Vadet (ed.), Textes et traductions d´auteurs orientaux, vol. 20, El Cairo: Institut Français d´Archéologie Orientale.
Ernst, C. (1984). Words of Ecstasy in Sufism, Albany: SUNY Press.
Ernst, C. (1992). "The Symbolism of Birds and Flight in the Writings of Ruzbahān Baqli," en The Legacy of Medieval Persian Sufism, Leonard Lewisohn (ed.), Londres: Khaniqahi Nimatullahi Publications.
Ernst, C. (en preparación). "Ruzbahān Baqli on Love as ‘Essential Desire’", en God is Beautiful and Loves Beauty: Essays presented to Annemarie Schimmel, J.-C. Bürgel y Alma Giese (ed.), Leiden: Peter Lang.
Gardet, Anawati and Louis. (1986). Mystique musulmane, Aspects et tendances - Expériences et techniques, Études Musulmanes, VIII, 4ª ed., París: Librairie Philosophique J. Vrin.
Ghazāli, Ahmad. (1942). Aphorismen über die Liebe, Hellmut Ritter (ed.), Bibliotheca Islamica 15, Estambul: Staatsdruckerei.
Ghazāli, Ahmad (1986). Sawānih: Inspirations from the World of Pure Spirits (The Oldest Persian Sufi Treatise on Love), Nasrollah Pourjavady (trad.), Londres: KPI.
Ghazāli, Abu Hāmed. (1333/1955). Ketāb-e kimiyā-ye sa´ādat, Ahmad Arām (ed.) 2ª ed., Teherán: Ketābjāna wa Chāpjāna-ye Markazi, reed. (1988), Estambul: Waqf al-Ikhlās.
Ghazāli, Abu Hāmed. (s.f.). Ehyā′ ′olum al-din, 16 cap. en 4 vols., El Cairo: Dār al-Shu′ab.
Giffen, L.A. (1971). The Theory of Profane Love Among the Arabs: The Development of the Genre, Nueva York: NYC Press.
Hoŷwiri, Abu al-Hasan. (1398/1978) Kashf al-mahŷub-e fārsi, Ahmad ′Ali Shāh (ed.), Lahore: Elāhi Bakhsh Muhammad Jalāl al-Din.
Hoŷwiri, Abu al-Hasan. (1342/1923). Kashf al-mahŷub, ′Ali Qawim (ed.), Islamabad: Markaz-e Tahqiqāt-e Fārsi-e Irān-o Pākestān.
Ibn ′Arabi. (1986). Traité de l´amour, trad. Maurice Gloton, Paris: Albin Michel.
Ibn ′Arabi. (1329). Ketāb al-fotuhāt al-Makkiyya, El Cairo.
Ibn ad-Dabbāq. (1379/1959). Ketāb mashāreq anwār al-qolub wa mafāteh asrār al-qoyub, H. Ritter (ed.), Beirut: Dār Sādir, Dār Bayrut.
Kraemer, J.L. (1986). Philosophy in the Renaissance of Islam: Abu Sulaymān al-Sijistāni and his Circle, Leiden: E.J. Brill.
Lāhawri, ′Abd al-Karim. (s.f.). Sharh-e sawāneh, MS 218 persa, Jamia Millia Islamia, Nueva Delhi.
Massignon, L. (1968). "Essai sur les origines du lexique technique de la mystique musulmane, Études Musulmanes," 2, nueva ed., París: Librairie Philosophique J. Vrin.
Massignon, L. (1975). La Passion de Husayn Ibn Mansur Hallāj, martyr mystique de l´Islam exécuté à Baghdad le 26 mars 922, nueva ed., 4 vols., París: Gallimard.
Molé, M. (1982). Les Mystiques Musulmans, París: Les Deux Océans.
Nwyia, P. (1968). "Le Tafsir Mystique attribué à Ga′far Sādiq: Edition critique", Mélanges de l´Université Saint-Joseph XLIII/4.
Nwyia, P. (1970). Exégèse coranique et langage mystique. Nouvel essai sur le lexique technique des mystiques musulmanes, Recherches publiées sous la direction de l´Institut de Lettres Orientales de Beyrouth, Série I: Pensée arabe et musulmane, vol. XLIX, Beirut: Dār el-Machreq Éditeurs.
Qoshayri, Abu al-Qāsim. (1972-74). al-Resāla al-Qoshayriyya, ′Abd al-Halim Mahmud y Mahmud ebn al-Sharif (ed.), 2 vols. con paginación continua, El Cairo: Dār al-Kotob al-Haditha.
Ritter, H. (1933). "Philologika VII: Arabische und persische Schriften über die profane und die mystische Liebe," Der Islam 21.
Ritter, H. (1978) Das Meer der Seele: Mensch, Welt und Gott in den Geschichten des Fariduddin ′Attār, Leiden: E.J. Brill.
Ruzbahān Baqli. (1301/1883-4). Tafsir ′arā′es al-bayān, Lucknow: Nawal Kishor.
Ruzbahān Baqli, (1973), Ketāb mashrab al-arwāh, Nazif Muharram Khwāja (ed.), Estambul: Matba′at Kulliyyāt al-Ādāb.
Ruzbahān Baqli. (MS 864 Sprenger). ′Arā′is al-bayān, Staatsbibliothek, Berlín, fol. 272a.
Ruzbahān Baqli. (1958). ′Abhar al-′āsheqin, Henry Corbin y Mohammad Mo′in (ed.), Bibliothèque Iranienne, 8, Teherán: Institut Français d´Iranologie de Téhéran, reed., Teherán: Enteshārāt-e Manuchehri (1365/1981).
Ruzbahān Baqli (1966). Sharh-e shathiyyāt, Henry Corbin (ed.), Bibliothèque Iranienne 12, Teherán: Département d´iranologie de l´Institut Franco-iranien.
Sakkakini, W. (1982). First Among Sufis, The Life and Thought of Rabia al-Adawiyya, the Woman Saint of Basra, Nabil Safwat (trad.), Londres: The Octagon Press.
Sarrāj al-Tusi, Abu Nasr. (1963), The Ketāb al-Loma′fe′l-Tasawwof, R.A. Nicholson y E.J. W. Gibb (ed.) Memorial Series, vol. XXII, Londres.
Schimmel, A. (1975) Mystical Dimensions of Islam, Chapel Hill: University of North Carolina.
Smith, M. (1928). Rābe′ah the Mystic and Her Fellow-Saints in Islam, Cambridge: Cambridge University Press.
Solami, Abu ′Abd al-Rahmān. (1406/1986). Tabaqāt al-sufiyya, Nural-Din Shariba (ed.), El Cairo: Maktabat al-Jānŷi.
Solami, Abu ′Abd al-Rahmān. (1976). Ŷawāme′ ādāb al-sufiyya, E. Kohlberg (ed.), Max Schloessinger Memorial Series, Texts 1, Jerusalén: Jerusalem Academic Press.
Takeshita, M. (1987). "Continuity and Change in the Tradition of Shirāzi Love Mysticism-A Comparison between Daylami′s ′Atf al-Alif and Ruzbahān Baqli′s ′Abhar al-′āshiqin," Orient XXIII, pp. 113-131.
Upton, C. (1988). Doorkeeper of the Heart, Versions of Rābi′a, Putney, VT: Threshold Books.






sábado 20 de septiembre de 2008

La doctrina del amor en Ibn-´Arabi. Comentario del nombre divino Al-Wadd - Parte II


Pablo Beneito
Universidad de Sevilla

La presencia de la constancia en el amor (Wadd): el nombre AI-Wadd8

En el nombre de Dios, el Omnicompasivo y Misericordioso.

1 ¿Acaso no consiste el fiel amor (wídád)
incluso en el estado en que con ímpetu
la desunión lo agita y lo sacude?
2 Cuando en la faz se muestran las señales (simát)9,
reúnenos con Él 10 una morada (maqám)
3 en el lecho de un río (wádi)’i solitario
y una tierra que adornan y engalanan
con resplandor las flores y las plantas.
4 Si sobre el Escabel los contemplaras12,
sus flores son los hijos y las hijas13
Diurna claridad (sabáh) que les ampara
ante el temor les da seguridad.
Tan sólo la tiniebla de la noche
los sume en el temor a su llegada.


A quien se encuentra en esta presencia se le llama ´Abd al-Wadúd, ‘Siervo del Constante en Su amor’. Dios —enaltecido sea— ha dicho acerca de quienes comparten esta presencia que “El les ama y ellos Le aman (C. 5:54)” y también ha dicho: “Seguidme [es decir, al Profeta] y Dios os amará (C. 3:31 )“. Y en el conocido y fidedigno hadiz [sobre las obras supererogatorias] Dios manifiesta que cuando ama a Su siervo, Él mismo es entonces su oído, su vista, su mano y su pie. Y estas facultades Suyas se toman permanentes e inmutables (tábita) para el siervo amado ya que, aunque éste sea ciego y mudo en el plano fisico ordinario, la cualidad original subsiste tras el velo de la ceguera, la mudez o la sordera aparentes.

Así que Él (al-Wadúd) es el que da permanencia al amor (mahabba)14 en tanto que ‘constancia amorosa’ (Wadd)15.

[Denominaciones de los cuatro estados del amor 16

Este atributo [del amor] tiene cuatro estados a cada uno de los cuales corresponde un nombre por el cual se conoce. Estos cuatro estados son llamados hawá, wadd, ¿zubb e isq 17.

(1) Lo primero que, en el descenso de este atributo, sobreviene al corazón, se denomina hawá ‘súbito deseo’ o ‘inclinación amorosa’, en el sentido de la expresión hawá l-naym que indica el descenso de un astro8.
(2) Luego viene el estado denominado wadd, la ‘constancia’ o ‘persistente fidelidad en el amor’.
(3) Sigue luego el llamado hubb, ‘amor original’19 que es el ‘puro amor’ libre y despojado de toda voluntad propia (iróda) por parte del amante que se conforma sin reservas a la voluntad del amado20.
(4) Luego está el llamado cgq [el amor cegador y arrebatador, la pasión envolvente] que consiste en que [el amor] envuelve el corazón [del amante] (al-iltWf bi-l-qalb). Este término está tomado del término eafaqa2i, hiedra espinosa trepadora que, enroscándose a ella en espiral, envuelve la parra u otras plantas semejantes. Así que el amor cegador (cijq) envuelve el corazón del amante cegándolo de tal modo que no puede mirar y ver a ningún otro que a su amado.


Observación: (Sobre el amor del Creador a su creación]

¿Cómo no va a amar su propia obra (?anca) el Artífice? Pues El nos ha creado, así como ha creado nuestro sustento y nuestros bienes, ¿cómo no ha de amarnos siendo nosotros obra Suya?

Dios reveló a uno de Sus profetas estas palabras: “¡Hijo de Adán! Por ti he creado las cosas y a ti te he creado por Mí. No propales lo que he creado por Mí en lo que he creado por ti.

¡Hijo de Adán! Por Mi deber hacia ti Amante soy. En razón de mi derecho sobre ti, ámaMe pues”22.

La obra manifiesta por sí misma el saber que el Hacedor ha depositado en ella, su capacidad de ejecución, su sentido de la belleza, su propia grandeza y su sublimidad. [Si Su obra por excelencia que es el Ser humano no manifestara Su saber] ¿a quién y en quién y por quién se manifestaría?

Así pues, tan necesarios somos nosotros como Su amor por nosotros, ya que éste es por nosotros y nosotros por él. Así ha referido el Profeta —Dios le bendiga y salve— en su oración en alabanza a su Señor que “únicamente somos por Él y a Él pertenecemos”. Y ésta es la Presencia del vínculo mutuo (Caf) y de la permanencia.

(La ero-génesis del cosmos)

1 Sin este amor original primero no se conocería la constancia de amor, y de no ser por la indigencia al Generoso no se adoraría.
2 Somos por Él y a Él pertenecemos. De mi constancia (wadd)23 es Éí el fundamento.
3 Si quiere Dios que una entidad exista (wuyud ´ayn) por ella misma habiéndola querido (bi-há qad .fó ‘a-ha)24 [desu no ser] la resistencia cede.
4 Nos dijo ¡Sé! (kun)25 y fuimos sin tardanza, que es tal disposición a la existencia de todo lo engendrado el atributo26.
5 La esencia del amor original es pues aquello mismo que genera, cuyo ser la constancia del amor (widád) externamente muestra y determina27.


Así pues, [al-Wadúd] ama 28 incesantemente y permanece constante en Su amor (wadud), de modo que continuamente da existencia a aquello que nos corresponde y cada día se ocupa de un nuevo cometido29, y el nombre al-Wadd no tiene más significado que éste.

Nosotros, ya sea en lenguaje verbal o en el tácito lenguaje del estado (lisán al-hál), incesantemente Le decimos “Haz esto, haz lo otro”, y Él —enaltecido sea— no cesa de hacer [en respuesta a nuestra solicitud]. De hecho, nosotros Le decimos ¡haz! por medio de Su propia acción en nosotros30.
-----------------------------------------
Notas:
9. Con este término (sing. sima) de raíz w-s-m como wasím (hermoso), wassama (acudir a la reunión de peregrinos en La Meca) y, nawsim (estación, temporada) remite el autor al término coránico símil, de raíz emparentada (s-w-m) y análogo significado: “... En sus rostros (wujúh —término empleado en el verso—), por efecto de la prosternación, están sus señales distintivas (símil)... (C. 48:29)”. “... En ‘los lugares elevados’ (al~Acráj) habrá hombres que reconocerán a cada uno por sus señales distintivas (símá)... (C. 7: 46)”. Se trata en este pasaje (7:46 y ss.) de los moradores del Jardín. En un sentido exotérico suele entenderse que estas señales hacen referencia a las marcas que la práctica continuada de la prosternación produce en el área de la frente que se apoya en el suelo. En el orden metafisico, dado que ‘rostro’, según el autor, significa ‘esencia’, estas señales serían los rasgos distintivos de aquellos cuyas esencias, al haber realizado su ontológica condición de siervos, se encuentran en estado de total prosternación. Considérense las posibles relaciones entre la mencionada ‘reunión de peregrinos en La Meca’ y ¡a situación en que los hombres de al~Acráfre conocen las señales distintivas de los moradores del Jardín, con la estación (maqám), evocada en el verso, en la cual “cuando en la faz se muestran las señales” los que son reconocidos —en virtud de su amor— se reúnen con al- Wadd.
10. Lil. ‘y a Él’.
11. Este wádí, ‘cauce’, ‘curso por donde fluye (el agua)’ (part. activo de raíz w-d-y, raíz que por analogía remite a la de wadd, w-d-d) pudiera aludir a las aguas sobre las que, según el hadiz, se alza el Trono divino. Mil no hay compañero (anís) porque sólo hay Uno.
12 lbn ´Arabi representa el Escabel al pie del Trono divino como un círculo que, comprendido por el círculo más amplio que representa el Trono, comprende a su vez los siete cielos y las siete tierras del cosmos. En este Escabel divino están ¡os dos pies del Creador, los cuales simbolizan el mundo de la dualidad creativa de los opuestos. Alusión también a ¡a aleya que dice: “Suyo es cuanto hay en los cielos y cuanto hay en la tierra... Su Escabel (kursí) comprende los cielos y la tierra...” (C. 2:255). Si el nombre al-Rahman —que, como el Nombre Alláh integra la totalidad de los Nombres (y. lbn ‘Arabí, El secreto de los Nombres de Dios, Murcia, ¡996, 2-2)— corresponde a la realidad omnicomprensiva del Trono (“al-Rahmán se asentó en el Trono...”, C. 20:5), ¡os nombres distintivos y la oposición de los contrarios (Interior/Exterior, etc.) corresponden al dominio del Escabel o Pedestal.
13. Posiblemente alusión a los espíritus activos (arwáh fácila) y a los cuernos naturales
Anales del Seminario de Historia de la Filoso/la 66 200i, ¡8: 6i-77 (yutut fabí´iyya) que nacen como resultado de ¡a unión marital (nikáb) de “cielo” —principio activo- y“tierra” —principio pasivo-: “Si el “agua” (espenna) del agente de la unión (nákih) predomina sobre el “agua” del receptor pasivo de la unión (mankflh), el resultado de esta un son es masculino (el hijo es varón), de modo que aparecen los espíritus activos; si es a la inversa, el resultado es femenino (la hija es hembra), de modo que se manifiestan los cuernos naturales receptivos y pasivos”. FuL IV, p. 266.
14 El soporte o lugar-tiempo en que se actualiza el amor original.
15 Es decir, en tanto que wadd significa watad, ‘estaca’ y, por tanto, ‘fijeza’.
16 A continuación trata el autor no de los atributos divinos o de ¡os nombres aplicables a Dios, sino de la manifestación de los estados del amor en el hombre, presentados aquí de forma gradual.
17 El autor trata el mismo tema en el cap. ¡78 de Futúhát, titulado fi mari´fa maqám al-mahabba, vol. II (ed. Beirut), Pp. 320-362. Véanse la versión francesa Le frairé de lamoer, trad. M. Gioton, ed. Albin Michel, París, 1986 (primera versión castellana del francésde M~.Marrades, Edicomunicación, Barcelona, 1988), y los extractos traducidos por M. Asín Palacios, El Islam cristianizado, pp. 426-518 [Ful.B,ulq, 1293 H., pp. 426-477; FuL, Beirut, PP. 323-361], oen el libro Amor humano, amor divino: ¡bn CA rabí, cd. ElAlmendro, Córdoba, 1990, Pp. 83-144 [reimpr.de las páginas correspondientes a las Pp. 468-5 18 de El Islam cristianizado].
23 Es decir, ‘de mi amorosa constancia’, en el sentido de watad, ‘estaca’o ‘piqueta’ en que se fijan los cabos de una tienda.
24 Bi-ha puede referirse a la esencia-ojo (%n): cuando Dios quiere que un ojo-entidad se encuentre -es decir, cobre existencia—, por ese mismo ojo ¡o ve y lo quiere.
25 El valor numérico del nombre wadúd es 20=kAf (anta/k), pero wad (d) = 6+4 = 10 =
hub(b) = 8+2.
26 El atributo propio del ser engendrado es esta condición de predicado, la recepción del imperativo creador.
27 Fa-´ayn al-hubb ´ ayn al-kawn mm-bu: Así pues, la entidad del amor germinativo
(hubb) es la misma entidad del ser engendrado que deriva de él. El amor original es idéntico al ser engendrado (kawn) de él y la constancia del amor (widád) lo determina y hace que lo engendrado/predicado se manifieste.
28 Y también ‘es amado’, pues la forma fa´l es tanto activa como pasiva. El nombre al- Wadúd, referido a Dios, significa pues amante-amado.
29 Alusión al versículo 55:29. Es decir, cada día y a cada instante se ocupa de la renovación de la creación.30 Obsérvese esta circularidad del proceso creativo: El responde a la solicitud que Su propia acción genera en lo creado, de modo que demanda y respuesta, acción y pasión, coinciden y se corresponden como las imágenes a ambos lados de un espejo.
Fuente: www.ucm.es